Lincoln, ¿demasiado ruido?

©elespectador.com

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Doce nominaciones a los Oscar son una buena presentación. Lincoln, la última obra de Steven Spielberg , es la obra que está presente en un mayor número de candidaturas para la 85ª edición de los famosos premios, que se celebrarán el próximo domingo. La cinta sitúa la acción en los últimos meses del mandato de Abraham Lincoln, el decimosexto presidente de los Estados Unidos de América. Es tiempo de una guerra que se recrudece justo antes de encarar su recta final, y de una aspiración que marcaría el devenir del país y de la humanidad: la abolición de la esclavitud.

Lincoln es una figura histórica de grandísimo calibre, respetada y estudiada de una forma muy amplia. Por ello, su encarnación representaba un reto tremendamente dificultoso. Y lo primero que me gustaría destacar es que Daniel Day-Lewis está más que a la altura. Ya no solo en lo puramente respectivo a la interpretación, sino también en la caracterización. El Lincoln adusto y avejentado del final del film –y también de la vida de este- es sencillamente sublime. El doblemente oscarizado (por My left foot y There will be blood) sienta todas las bases posibles para ganar su tercera estatuilla. En el resto del elenco, destaca Sally Field como Mary Todd Lincoln, la esposa del presidente, que está nominada a mejor actriz de reparto. Además, Tommy Lee Jones está fantástico en el papel de Thaddeus Stevens, el dirigente republicano que lidera el debate entre demócratas y republicanos en el Congreso estadounidense a respecto de la aprobación de la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, la que pondría fin a la esclavitud.

©cbsnews.com

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Estamos ante una historia fantástica, y con un elenco a la altura de las circunstancias. Sin embargo, algo falla. La obra busca la épica desde el primer segundo, como es lógico y, aunque en ocasiones está a punto de encontrarla, parece como si los elementos no terminasen de acompasarse para ofrecer al espectador un espectáculo que lo mantenga distraído. Y algo debe suceder en este sentido, ya que la película acumula un gran número de candidaturas a los Oscar, pero hasta la fecha apenas ha ganado ningún premio, quedando a la sombra de otros títulos como Argo.

No es mi intención perderme en disquisiciones sobre el argumento, más que nada porque aparece en cualquier libro de Historia. Probablemente sea éste uno de los principales problemas de la película: en demasiados momentos no aporta ni lo más mínimo a lo que cualquier libro o la Wikipedia pueda relatar. En demasiadas ocasiones se sorprende el espectador asistiendo a una sucesión de hechos que sabe cómo acabarán y en los que ni el montaje ni los actores ofrecen ese “algo más”. Considero que este tipo de filmes deben ser fieles a la historia original (para no acabar en mutaciones grotescas como Abraham Lincoln cazador de vampiros), pero si el montaje se limita a dar lo que cualquiera puede imaginar en su cabeza, es lógico que no se colmen las expectativas. Es la razón por la que no todo el mundo es director de cine.

Además, la película es demasiado exigente con el espectador. Es verdad que hay una parte del público que busca este tipo de obras, pero no todo el mundo está preparado para 150 minutos de historia de los Estados Unidos en plena Guerra de Secesión, reuniones de un gabinete presidencial hablando sobre tácticas de guerra en diversos lugares y estrategias para conseguir que una votación sea aprobada en el Congreso. Es muy posible que, sobre todo para el espectador no estadounidense y con un leve conocimiento de la historia del país, la película pueda hacerse árida y lenta por momentos.

Por otra parte, otro de los problemas para valorar Lincoln es sencillo y complicado al mismo tiempo: cuesta una barbaridad desentenderse de la verdadera historia para poder valorar el film como una obra independiente. Lo cierto es que, visto así, de esta forma  “independiente”, la película pierde mucho. Demasiado. Las fantásticas interpretaciones no consiguen salvar el ritmo de un argumento lento e inconexo por momentos, que aún así consigue guardar muy buenos momentos, ayudados por supuesto por una fantástica fotografía, uno de los puntos más fuertes de la obra.

Aunque la cita del domingo marcará en gran medida la forma en que la Historia y la memoria colectiva tratarán la película, es muy probable que Lincoln sea recordada como otro gran trabajo de Daniel Day-Lewis, que aspira a convertirse en el Lincoln definitivo del imaginario colectivo más cinéfilo. Sin embargo, al mismo tiempo, puede que Lincoln signifique para Steven Spielberg la película de lo que pudo ser y no fue.

 

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