Elegir no elegir la vida

imagesCada vez que suena Lust for Life me viene a la cabeza Ewan McGregor corriendo por las calles de Edimburgo explicando las ventajas de elegir no elegir la vida. Ésta conocida escena, y todas las que la siguen, pertenece a la adaptación de Danny Boyle de “Trainspotting”, la primera novela del autor escocés Irvine Welsh.

“Trainspottinges la historia de un grupo de amigos de toda la vida. Van narrando sus experiencias y vivencias en el Leith de finales de los ochenta. Una ciudad escocesa que no tiene nada que ver con el Edimburgo del festival, los castillos ni Nessie, y que se define mucho más por el paro o el consumo de drogas. Renton, Sick Boy, Spud, Tommy y Begbie entre otros personajes van a contarnos sus historias y anécdotas: las típicas que tiene todo grupo de amigos y que nacen a través de estar juntos desde siempre. A través de ellas se da forma a los diferentes personajes y se tratan diferentes temas.

La novela es un conjunto de episodios cortos, narrados por los diferentes personajes en primera persona. Una sucesión de historias inconexas, sin un hilo claro que las una más que el momento, lugar y personajes. No hay una estructura corriente: no se parte de una situación que se complica ni que hay que resolver. Lo que encontramos son anécdotas, experiencias que los personajes viven y van contando. Los episodios son cortos, variados, tratan diferentes temas y están contados desde diferentes puntos de vista, por lo que el libro es dinámico y cambiante. Ni las historias ni personajes se presentan, todo lo que se narra va surgiendo a medida que se avanza. Welsh recurre al relato corto para conformar otras de sus novelas, como las geniales “Acid House” o “Éxtasis: tres historias de amor químico”.

Las situaciones que los personajes viven son en muchos momentos crudas, violentas, bruscas y desagradables, así como sus propias vidas y el ambiente en el que están. Welsh quiere que seamos conscientes de eso por lo que el lenguaje que utiliza también es crudo, violento, brusco y desagradable. Tiene la capacidad de recrear escenas de forma muy vívida porque es muy explícito, directo y minucioso. Por ejemplo, la famosa escena de la película de el peor retrete de Escocia se puede leer en la novela,  y aunque no se ve, el cerebro humano es capaz de recrear cosas mucho más retorcidas que las que se pueden poner en pantalla. Cada personaje tiene su forma de expresarse y se puede reconocer quién está narrando un episodio solo por el estilo con el que lo hace. Aunque hasta la mitad de un fragmento no se diga de forma explícita quien lo está narrando se puede reconocer. Los personajes están muy bien perfilados, y la forma que tienen de hablar ayuda mucho a hacerse una idea de cómo son. Welsh también recurre a variaciones del inglés propias de Escocia y diferentes jergas, un aspecto que parece perderse con la traducción a otros idiomas. El tono depende del personaje que esté narrando, pero en general es amargo, aunque con mucho humor.

A través de personajes y situaciones Welsh pone sobre la mesa diferentes temas. Hay mucho de su experiencia personal y forma de ver las cosas en la novela, pero al haber tantas primeras personas puede explicar diferentes formas de ver la misma situación. Cómo el autor ve Leith, su ciudad natal, y Edimburgo en general es un tema con bastante protagonismo. Cada personaje habla de la ciudad, su forma de vida y su gente con esa nota de amargura y hastío constantes en la novela. Quieren salir de la ciudad pero tampoco se deciden a hacerlo.

Un tema fundamental es la adicción. “Trainspotting” no es una novela sobre drogas pero éste es, entre los muchos temas que aparecen, uno de los que tienen más peso. La adicción a las drogas como la heroína es la más común entre los personajes, pero también aparecen el alcohol, el sexo, el poder o la violencia. Respecto a la heroína, las descripciones de las inyecciones, sensaciones, el síndrome de abstinencia o los efectos en el cuerpo son uno de los aspectos más interesantes. Cada personaje habla de su adicción de manera diferente. A veces explican por qué consumen o a donde creen que ese consumo les va a llevar, pero no se juzga a los personajes ni al consumo en sí, ni intenta dar excusas o justificaciones porque ¿quién necesita razones cuando tienes heroína?

Otros temas presentes son el hastío, el aburrimiento: los personajes están convencidos de que no tienen futuro, pero tampoco tienen pensado hacer nada por buscárselo. Por eso tienen una visión muy negativa de las cosas, y suelen ser cínicos y muchas veces misántropos. No les gusta el mundo en el que viven ni la gente con la que lo comparten, pero tampoco tienen planes de cambiarlo. La violencia, las relaciones, la familia, la alienación, los prejuicios, el sexo, la música o el fútbol son otras de las cuestiones a las que se da forma a través de las historias que conforman la novela.

En “Trainspotting” Welsh crea un universo alrededor de Leith, con unos personajes y unos temas que va a seguir desarrollando en el resto de sus obras. La novela tiene una secuela, “Porno” y  una reciente precuela “Skagboys”. Welsh escribe recurriendo a un tipo de temas, personajes y a una forma de narrar que hace que cuando se empieza con una de sus obras sea difícil dejarlo, y de adicciones nadie sabe más que sus personajes.  Yo empecé con “Acid House” y nunca llegué a parar. Ni creo que pueda desengancharme.