El intérprete en carne viva: los nominados

Actrices

Entre las nominadas a mejor actriz principal, Jessica Chastain, la protagonista de La noche más oscura, parece estar viviendo una época de oro: empezó en el cine con un papel protagonista en la película Jolene hace apenas cinco años. Desde ese momento ha trabajado en películas como Criadas y señoras, Take Shelter, Lawless o El Árbol de la Vida entre otras, que le han permitido hacerse un hueco en el cine americano actual. En La noche más oscura da vida a una agente de la C.I.A. centrada en el caso de Bin Laden. No es uno de los personajes planos que muchas veces acompañan a este tipo de tramas, sino un personaje bien perfilado, complejo, que Chastain defiende muy, muy bien, y por el que ya se ha llevado el Globo de Oro. Globo de Oro que arrebató a Naomi Watts, también nominada a los Oscar por su papel en Lo imposible. Ahora tiene la oportunidad de tomar la revancha. A partir de su participación en Mudholland Drive con David Lynch, Watts comienza a trabajar con directores como Michael Haneke, Peter Jackson o Alejandro González Iñárritu. En Lo imposible encarna a María, la madre de la familia que protagoniza el film, un personaje que muestra muchas de las caras que puede tomar el dolor.

Emmanuelle Riva es la actriz de más edad nominada en la categoría de mejor actriz en la historia de los premios: si se lleva la estatuilla, esta sería un regalo de 86 cumpleaños. La actriz francesa lleva toda una carrera detrás, que comenzó en 1959 protagonizando la película de Alain Resnais Hiroshima mon amour. Su nominación es una de las muchas que ha recibido la cinta de Michael Haneke Amour. En esta Riva encarna a Anne, un papel que defiende de forma excepcional y con el que hace pasar al espectador por todo lo que el personaje pasa. El contraste ante esto lo ofrece Quvenzhané Wallis, por Bestias del sur salvaje. Es la nominada a mejor actriz más joven que los Oscar han visto. Empezó a rodarla a la edad de cinco años, y tuvo que mentir sobre este tema en el casting para poder participar, pues la edad mínima era de seis. Ahora, con nueve años, está nominada a mejor actriz y no dejan de abrírsele puertas gracias a interpretar a la valiente Hushpuppy.

Por último encontramos a Jennifer Lawrence, que ya había sido nominada a mejor actriz por su papel en Winter’s Bone. Ahora vuelve a tener la oportunidad de recibir el premio. Lawrence comienza en televisión pero pronto la encontramos trabajando en películas como X-Men: primera generación o Los juegos del hambre. En El lado bueno de las cosas la vemos como una joven viuda enfrentándose a la pérdida de su marido, un papel muy diferente a los inmediatamente anteriores.

Pero la calidad interpretativa no solo se encuentra en los papeles protagonistas, las nominaciones a actrices de reparto suelen contar con verdaderas joyas y este año no es una excepción.

Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, en “El Lado Bueno de las Cosas”. Foto: Traileryestrenos.es

Cuando se estrenó Los Miserables se dio por sentado que Anne Hathaway iba a estar nominada a todo premio posible por ese primer plano de cuatro minutos en el que interpreta I Dreamed a Dream. Así fue: a la actriz le han llovido las nominaciones por el papel de Fantine en el musical. No solo el Oscar, también en premios como los BAFTA o los Globos de Oro. Como Jessica Chastain, Hathaway parece estar pasando por una muy buena época, con papeles en películas como El caballero oscuro: la leyenda renace, Alice in Wonderland, o Brokeback Mountain. Ya había sido nominada al Oscar por su papel en Rachel Getting Married, pero parece que esta vez puede tener más suerte. Otra actriz que ya había sido nominada y tiene este año la oportunidad de hacerse con la estatuilla es Amy Adams, que había debutado con la película Drop Dead Gorgeous acompañada de Kirsten Dunst para consagrarse con Junebug, que le lleva a su nominación. En el film por el que está nominada, The Master, da vida a Peggy, la esposa de Lancaster Dodd, el líder de un movimiento filosófico conocido como “La causa”. Jacki Weaver, conocida por su papel en cintas como Animal Kingdom, también había recibido una nominación en otras ediciones. Esta vez da vida a la entrañable madre del protagonista de El lado bueno de las cosas. A pesar de haber trabajado para cine y televisión su carrera en el teatro destaca especialmente.

A Sally Field ya la habíamos visto recibir un premio de la academia en la categoría de mejor actriz principal por Norma Rae y por Un lugar en el corazón. Además de por su trabajo en cine, participó en series de televisión como Cinco Hermanos. Este año está nominada como actriz de reparto por su papel en Lincoln, como la esposa del presidente. Un personaje complejo, fundamental en la historia de Abraham Lincoln. Es un papel que estaba muy interesada en hacer y que no le fue especialmente sencillo conseguir. Otra actriz que ya sabe lo que es recibir un premio de la academia es Helen Hunt, que con Mejor imposible gana el Oscar a mejor actriz, además del Globo de Oro. Conocida por películas como ésta y series como Mad About You, ahora da vida a la terapeuta que protagoniza Las Sesiones. La nominación de Hunt es la única de la película en los premios Oscar.

Encontramos mucha calidad en ambas categorías. Papeles muy diferentes en películas muy diferentes, pero todas las nominadas han sabido cómo defenderlos. La calidad no suele ser el único baremo que la Academia utiliza a la hora de decidir quién se lleva la estatuilla a casa, por lo que es momento de hacer apuestas y esperar al 24 de febrero para comprobar los resultados.

Helen Hunt, en “The Sessions”. Foto: Collider.com

Actores

Brindaré el tópico de que, un año más, los Óscar regresan a la primera plana de la sección de Cultura de todos los medios; y como bien llevamos observando toda esta semana, Compostimes no iba a quedarse al margen de tamaña cita, lanzándose a publicar soberbias críticas y análisis sobre los títulos que optan a las principales estatuillas. Como es bien sabido, un buen trabajo cinematográfico es un compendio de múltiples factores, una concatenación de variables que incluyen la calidad del guión, la habilidad del director, la destreza del montador… pero, sobre todo, la capacidad interpretativa de sus protagonistas, que serán el objeto de atención de los espectadores durante su reproducción. Un intérprete debe ser virtuoso, convencer al público de su papel sin sobreactuar, fundirse en la figura del personaje, suplantarlo con sus idiosincrasias y sus manías, hasta que se identifiquen plenamente. Quisieramos hacer un breve repaso a la trayectoria de los nominados a la categoría a Mejor Intérprete, tanto Masculino como Femenino, de modo que podáis dilucidar quién es vuestro favorito para la noche del domingo. Hélos aquí:

Denzel Washington (1954): El hombre que empezó haciendo anuncios disfrazado de uva y ha acabado convirtiéndose en quizás el mejor actor afroamericano de la historia (con permiso de Sidney Poitier). Pero no justifiquemos su éxito por el color de su piel; Denzel Washington es un actor íntegro, completo, dinámico, capaz de asumir desde el papel de presidiario forzoso hasta el de padre atormentado. Comenzó su carrera dramática haciendo papeles menores en películas de bajo presupuesto y obras de teatro nimias; sin embargo, su gran oportunidad le llegó en 1982 con St. Elsewhere, un drama médico en el que Washington representaba el papel del doctor Phillip Chandler. En 1987, tuvo su primer gran papel en la gran pantalla, con Cry Freedom, en el que daba vida al activista político Steven Biko, y por el que fue nominado a Mejor Actor Secundario, un premio que si ganó en 1989 con su papel de soldado arrogante en la Guerra de Secesión en Glory. Ya en los 90, Washington realizó dos películas con el director  neoyorquino Spike Lee, con el que protagonizó Mo’ Better Blues (1991), donde interpretaba a un trompetista de Jazz, y Malcolm X (1992), con el papel homónimo y que le valió su primera nominación a Mejor Actor, que recayó finalmente en Al Pacino por Scent of a woman. A partir de entonces, su carrera tomó un imparable curso de ascenso, con una filmografía que incluiría Philadelphia (1993), con su papel del homófobo abogado de Tom Hanks, el drama policial The Pelican Brief (1993) o la sorprendente He Got Game, que protagonizaría junto con el jugador de la NBA Ray Allen, y que supondría su tercera colaboración con Spike Lee.  En 1999, encarnó al boxeador injustamente preso Rubin “Hurricane” Carter en Hurricane, ganando con su interpretación un merecido Globo de Oro al Mejor Actor. Finalmente, en 2001, logró la ansiada estatuilla al Mejor Actor con Training Day, un thriller policiaco donde Washington interpreta al detective Alonzo Harris, parte del cuerpo antinarcóticos de la policía de Los Ángeles, con un peculiar sentido de la justicia, la dignidad y la honradez.  Washington continuó regalándonos excelentes disposiciones en pantalla en películas como John Q (2002), American Ganster (2007) o The Book of Eli (2010), si bien no fue hasta este año, con The Flight, cuando por fin ha vuelto a ser nominado al Óscar a Mejor Actor. En esta cinta, él es William “Whip” Whitaker, piloto áereo adicto a la cocaína y con una vida desenfrenada, que se ve obligado a enfrentarse a unas incontestables turbulencias para aterrizar con seguridad y salvar la vida de la tripulación y de los pasajeros. Habituado a papeles de policía, antifaz único de justiciero equívoco, Washington se entrega con pasión a las fauces de la dregadación de la dependencia sudorosa; demuestra, una vez más, que la piel nada debe a las verdades.

Denzel Washington, “Flight”. Foto: estrenos.com

Bradley Cooper (1975): El benjamín (entre el grupo de los nominados) es la sorpresa de este año; su papel como Pat Solitano, el enfermo afectado de desorden bipolar en Silver Lining Playbooks (El lado bueno de las cosas), le ha hecho ascender de la categoría de cara bonita rompetaquillas a una mayor consideración de orden dramático. Cooper, el licenciado en Literatura con aspiraciones periodísticas, renunció a convertirse en Gay Talese para abrazar el mundo de la interpretación tras enamorarse (sírvase el cliché) del mundo del teatro. Debutó en televisión en 1999 en Sex and The City como uno de esos pasivos heterosexuales forzosos que se ligaba la equina Sarah Jessica Parker, y tras formar parte del reparto de varias series menores (Globe Trekker, The Street), logró en 2001 el papel de Will Tippin en la serie de espionaje Alias, con aparición regular en las temporadas de emisión del show. Así mismo, realizó su primer papel para la gran pantalla en 2001 con Wet Hot American Summer, una de esas comedias chiste-fácil, insulsas y cargadas de contenido insinuante que tanto agradan a adolescentes núbiles y onanistas. Cooper continúo actuando en películas exitosas para la gran pantalla (Wedding Crashers, Yes Man), aunque sin desvincularse de la pequeña, con roles insignificantes en series como Law and Order en 2005, dando vida a un abogado insensible. Pese a todo, el nombre de Bradley Cooper resultaba, a estas alturas, prácticamente desconocido en el mundo de la farándula. Sin embargo, en 2009, llegó su ansiado momento, el punto álgido de su carrera que le proyectaría al estrellato más mediático: The Hangover (Resacón en Las Vegas), una de las películas más taquilleras de la historia, con el papel de Phil Wenneck, un profesor chulesco que, junto con su terna de amigos, se ve obligado a recuperar la memoria tras una bacanal etílica de despedida de soltero para recordar dónde está el novio, antes de la boda. A pesar de que la película no va más allá de un humor ridículo y menor, la broma resultó magnífica para Cooper que veía cómo su rostro copaba portadas y carpetas de jovencitas, a la par que le llovían ofertas de trabajo, incluyendo la adaptación para el cine de El Equipo-A en 2010, dando vida al lujurioso y atractivo Faceman/Phoenix, o las nuevas entregas de The Hangover, estando la tercera pendiente para estreno el año que viene. Así, tenemos a un actor joven, que busca de librarse de la etiqueta de anhelo de colegiala o furtivo adonis para dedicarse, en más profundidad y calidad, a la intepretación. Por el momento, su nominación parece un buen jalón de ánimo para este propósito.

Joaquin Phoenix (1974): El intérprete que tuvo en jaque su propia carrera con afán creativo vuelve a las quinielas a mejor intérprete después de ese largo y voluntario paréntesis en el que cohabitó con la desidia, el desarraigo y el padecimiento mental como extraños compañeros de reparto. Phoenix, hermano del prometedor juguete roto River Phoenix (joven actor que falleció con 23 años tras una sobredosis de heroína y cocaína), portorriqueño de origen y criado en la más estricta fe católica, su infancia fue dura y paupérrima: sus hermanos y él se vieron obligados a realizar espectáculos callejeros para lograr algún rédito para alimentar a su familia.  La agente infantil Iris Burton los descubrió, y se los llevó a Hollywood para hacerlos actuar en anuncios y como papeles de apoyo en series; de hecho, Phoenix debutó en televisión en 1982 como parte de la trama de un episodio de Se ha escrito un crimen, aquella teleserie policíaca con la sagaz y vetusta Jessica Fletcher (Angela Lansbury). El nombre de Phoenix comenzó a ganar impulso en 1984 con su película-debut Backwards: The Riddle of Dyslexia, sobre el tratamiento del mismo defecto vocal, si bien su hermano River era el verdadero protagonista. Tras suceder varias películas donde el escaso significado de sus personajes apenas dejaba margen para la interpretación, su rostro entristecido, con esos ojos atormentados, comenzó a ganar popularidad a partir de dos trabajos clave: 8mm (Asesinato en 8mm), en 1998, con un papel de dependiente de una tienda de vídeos para adultos, confidente del detective que encarna Nicolas Cage, y The Yards (La otra cara del crimen), en 1999, un film que estudia la corrupción corporativa en el círculo policial de Los Ángeles. En el 2000, su popularidad alcanzó un punto de inflexión con Commodus, el emperador romano déspota y engreído, némesis de Máximus en Gladiator; esta magnífica interpretación, entre melancólico y soberbio, le valió una nominación al Óscar a Mejor Actor Secundario. Una vez atesorada su calidad como actor, logró una gama heteróclita de papeles, desde el paranoico granjero de Signs (2002), hasta el intrépido bombero de Ladder 49 (2004). Pero en 2005 tuvo el papel de una carrera, esa oportunidad única que, inmerecidamente, no recibio el Óscar a Mejor Actor: Johnny Cash  en Walk the Line, película que sigue la estela de biopics que emergen en Hollywood como gérmenes desprovistos de imaginaciónl; Phoenix clava al atormentado compositor sureño, con ese acento cicatrizado, ese deje vocal profundo (de hecho, la banda sonora de la cinta le reportó un Grammy a Mejor Álbum). Tras el drama policial We own the night (2007), con Mark Wahlberg como co-protagonista, Phoenix pasó dos años en el más puro abandono: cultivó una barba nazarena, incluyó las gafas de sol como parte de su estética y creó a su alrededor una atmósfera de excentricidad y extrañeza, con una retirada aparente del mundo del séptimo arte para dedicarse a la meditación interna. Sin embargo, todo esto formaba parte de una ficción deliberada, que se resolvió con la aparición en 2010 de I’m Still Heremockumentary dirigido por Casey Affleck que cubre toda la reacción mediática en torno a la caída en desgracia de Phoenix, que en realidad no era sino parte del guión firmado por él mismo; el actor fue aplaudido por su valentía interpretativa, al renunciar a su propia vida pública en favor del espectáculo. Este año, Paul Thomas Anderson recuperó a Phoenix para la causa dramática con The Master, donde el portorriqueño se disfraza de Freddie Quell, una alegoría poco enmascarada del fundador de la Cienciología L.Ron Hubbard; Phoenix dota a su personaje de una extraña sensación de apatía eremita, de distópico frustrado. Phoenix envejece, y con él su legado; disfrutémosle mientras podamos. 

Joaquin Phoenix, en su papel para “The Master”. Foto: awardsdaily.com

Hugh Jackman (1968): Desengañémonos; si ustedes han oído hablar de Hugh Jackman, se deberá principalmente a su papel como el ídolo de cómic Lobezno, de X-Men. Jackman, australiano de origen, siempre había querido ser actor; se inició en telenovelas de su país natal, interpretando habitualmente a seductores e imponentes jóvenes. En 1999, Alan White le encargó el papel de Wace en Erskineville Kingsun drama sobre herencias y hermanos enfrentados. Ya en el 2000, Jackman lograría el papel que, inevitablemente, le encasillaría y marcaría su ulterior trabajo: el aciago y desamparado héroe mutante con esqueleto de amianto, con sus famosas garras retráctiles; él fue, como ya se ha señalado, Lobezno, el icónico papel de Lobezno, en X-Men. Ese mismo año, publicó la incongruente Swordfish, donde hace de ingeniero informático en busca de un código desbloqueador. Tras una nueva entrega de X-Men en 2003, Jackman representó en Van Helsing y en su secuela al protagonista homónimo, un caza-vampiros en la Transilvania, que ayudó a expandir su fama y consolidar su reputación. Desde 2006, realizó varias películas de diverso corte, como Scoop, con Woody Allen, The Prestige, que narra el desafío entre dos prestidigitadores, o Australia, con Nicole Kidman, cuya ambición como la Lo que el viento se llevó del nuevo siglo jamás fue cumplida, regalando un estéril drama romántico sin mayor trascendencia que la de figurar en taquilla. En este año que nos ocupa, Hackman fue el encargado de dar vida a Jean Valjean en la adaptación cinematográfica de Les Misérables, respetando la esencia del espectáculo de Broadway, no la de la propia obra de Víctor Hugo. Jackman canta y se arrastra por las calles parisinas de lluvia y podredumbre, sobreviviendo a las capas sociales que integran la vida en la capital gala. En 2013 volverá de nuevo a encarnar, por sexta vez, a Lobezno.

Daniel Day-Lewis (1957): El singular. El hombre flaco. El camaleón. Daniel Day-Lewis, ese irlandés-británico con aires de bohemio perpetuo, representa la quintaesencia del actor metódico. Debutó en el cine muy joven, con un papel intrascendente en Sunday, Bloody Sunday (1971). Tras ser miembro del reparto de Gandhi (1982), tomó parte en la aclamada adaptación de E.M. Forster A Room with a view, papel con el que comenzó a granjearse el reconocimiento de la crítica. En 1989, tanto público como crítica fueron unánimes en su aclamación común, tras el soberbio registro de Day-Lewis como el artista paralítico Christy Brown en My Left Foot, que supuso su primer Óscar al Mejor Actor. La inteligencia dramática de Day-Lewis reside en su exquisitez a la hora de seleccionar sus películas; es habitual verle lejos del celuloide dos, tres años en busca de una oferta satisfactoria. Así sucedió con Last of the MohicansThe Age of Innocence e In the Name of the Father, todas ellas grabadas en 1992, tres años después de My Left Foot. En estas tres cintas, Day-Lewis demuestra no sólo una apreciación catártica con sus personajes, sino la capacidad de proyectar las emociones de éstos de manera evidente hacia un publico perplejo; tanto como guerrero indio, seductor adúltero o terrorista del IRA, percibimos los delicados hilos que confeccionan a sus protagonistas, preso al fin de su naturalieza único. Además, con In the Name of the Father, Day-Lewis volvió a estar nominado al Óscar al Mejor Actor.  En 2002 volvió a ponerse en manos de Scorsese (tras The Age of Innocence) para narrar la fundación y consolidación de la ciudad de New York, basada principalmente en la inmigración; Day-Lewis pone voz a Bill ” The Butcher”, un peculiar individuo con afán dominador, que controla a su libre albedrío los distintos barrios de la zona de Five Points, en Manhattan. En 2007 volvió a ganar el Premio de la Academia al Mejor Actor con There Will Be Blood (Pozos de ambición), dirigida por el explorador Paul Thomas Anderson, donde encarna a un minero que, por curiosa serendipia, logra una súbita fortuna procedente del oro negro. Tras actuar en la olvidable Nine, en 2009, Day-Lewis se tomó uno de sus curiosos periodos sabáticos, sólo que esta vez sopesó la posibilidad de abandonar la carrera de actor y jubilarse. Nada más lejos de la realidad; en 2012, en estrecha colaboración con el mitómano Steven Spielberg, Day-Lewis se enfunda el sombrero de alta copa y la barba para dar vida a uno de los presidentes más reconocibles (sino el que más) de la historia de los Estados Unidos: Abraham Lincoln. Con él personaje de Lincoln, Day-Lewis vuelve a estar nominado al Óscar al Mejor Actor, y de obtenerlo, pasaría ser el único actor de la historia en poseer 3 estatuillas en esta categoría. Conecten el domingo los Óscar (o vean el resultado al día siguiente en Compostimes) para ver si, esta vez sí, Daniel Day-Lewis se constituye como leyenda del cine.

Daniel Day-Lewis, caracterizado como Abraham Lincoln. Foto: elmulticine.com