Urdangarín, el primer indignado

Era una tarde lluviosa del mes de septiembre de 1997. Iñaki estaba entrenando junto a sus compañeros de equipo cuando, de repente, un balón le alcanzó en la nuca. El golpe fue seco e hizo que se encogiese el estómago de varios de los allí presentes. Iñaki caía inconsciente en medio de la pista de balonmano por el impacto de un balón desviado. Pero lo más importante ocurría dentro de la cabeza del que en aproximadamente un mes se convertiría en el duque consorte de Palma de Mallorca. Confuso entre la neblina de la inconsciencia Iñaki escuchó una voz que le susurraba tranquila:

No temas Iñaki, soy España. Sí, efectivamente, soy el espíritu de este país. He venido a decirte que te he escogido a ti. Eres mi elegido”.

Iñaki no era capaz de hablar. Abrumado por el grandísimo honor de escuchar la voz de su adorado país, callaba ansioso de saber más. Mientras tanto, en la pista, Marichalar (que ese día se había pasado a hacer una visita por los vestuarios), se rebuscaba en los bolsillos convencido de tener algo para “animar” al hombre inconsciente.

Iñaki, dentro de unos años estaremos en grandes problemas. El país va a entrar en una crisis de cojones (España en sí misma es muy campechana también) de la que nos va a costar mucho salir. Los diferentes gobiernos no irán mucho más allá de la corrupción esperada, y la gente se cabreará bastante. Por eso, quiero que tú destruyas el sistema desde dentro. Que seas el gran corrupto. Puede sonar duro de inicio, pero piénsalo bien, serás un mártir, te sacrificarás por mostrar que las estructuras de poder están podridas. De un político se puede uno esperar cualquier cosa. Pero de un chico de buena familia, deportista y que va a entrar en la Casa Real es más difícil esperarse algo jodido. Dentro de muchos años el mundo entenderá lo que hiciste”.

Acto seguido Iñaki despertó, para alivio de sus compañeros y de Jaime de Marichalar, que estaba tan nervioso que hasta le temblaba la mandíbula.

Todo salió según lo previsto, se casó con su novia Cristina, pasaron a tratarle de Excelentísimo y estuvo bastante ocupado teniendo hijos en cuyo apellido cabía todo el santoral. Pero no podía olvidar el mandato de su añeja tierra. Por eso, cuando el momento llegó Iñaki supo aprovecharlo. Corría el año 2004, y habían pensado en él para la administración del instituto Nóos, una entidad sin ánimo de lucro. Era el momento del rock and roll. Para empezar suave, trabajos de asesoramiento a algunas empresas privadas por sumas astronómicas y algún que otro trato con Jaume Matas. Luego, el no parar: un convenio de colaboración entre el gobierno balear y el instituto de 1.100.000 euros (que es bastante colaboración), adjudicaciones amañadas, estudios que resultaban un fraude, incluso un presupuesto de 1,2 millones de euros para la organización de un congreso de dos días sobre Turismo y Deporte, son algunos ejemplos. Y alguna que otra migaja cayó directamente al cajón de la empresa Aizoon, propiedad del duque y su esposa, como por ejemplo 116.000 euros derivados del congreso anteriormente citado. Si ella preguntaba, la respuesta era siempre la misma: “tú di que no sabes nada, que con suerte piensan que eres como tu hermana y te dejan tranquila”.

En 2005 ya se podían escuchar algunas voces críticas con las gestiones de Nóos, así que Iñaki, al tanto de que estaba yendo por buen camino, continuó. Y si mientras había que vivir a cuerpo de suegro en un palacete, pues había que sacrificarse. En 2008 comienza el caso Palma Arena, del que saldrá el caso Urdangarín. Las cartas ya estaban bocarriba, Iñaki había cumplido con su deber y en 2011 el juez José Castro lo deja bien clarito: “apropiación de fondos públicos”, con lo que le fastidia eso a la gente. Imputado, a Iñaki solo le quedaba intentar defenderse de un proceso que él mismo había creado. Una complicada trama en la que había previsto hasta el último detalle. Sin ir más lejos, sabiendo que en algún momento sus correos serían públicos, firmó algunos de la siguiente forma: “duque de em…Palma…do”. Una gracieta que seguro que le sentaba como un tiro al ciudadano de a pie (que no un tiro en el pie). Todo para que la gente se enterase de lo podrido del sistema.

Esta es la historia inacabada de Iñaki Urdangarín, el primer indignado y todo un mártir. ¿Difícil de creer? Tal vez, pero dado como lo tiene de crudo el muchacho, yo probaría. Igual la Fiscalía traga con el cuento del espíritu del país, el sacrificio estúpido y la trama kamikaze para desestabilizar al poder. Porque tal vez con el “yo no sé nada/yo no lo hice/fue otro” ya no se puede evitar los barrotes. O no, que esto es España.