La tiranía de los números: Asia y África

Si hubiera nacido en los años sesenta en Hong Kong, Singapur, Corea del Sur o Taiwan habría visto cómo su riqueza se ha multiplicado por tres en aproximadamente tres décadas. Resulta que el crecimiento del PIB per cápita de estas economías asiáticas ha sido del 6-7% anual entre 1965 y 1990. Por si la cifra no le dice nada, es una auténtica barbaridad. Significa que a lo largo de una vida humana un país pasa de ser pobre a ser uno de los más ricos del mundo.

Pero… ¿Cuánto ha crecido de verdad? Pues haciendo los cálculos nos sale que cada diez años estos países han visto doblada su riqueza. Considerando que ha nacido usted a principios de los 90, haga cuentas y ya me dirá si es llamativo o no. Pero vayamos más allá y analicemos los datos de forma profunda. ¿Ha sido realmente este un verdadero milagro económico? El artículo de Alwyn Young cuestiona que sea realmente tal, argumentando que el crecimiento efectivo en la producción por trabajador en los sectores no agrícolas (quicir, los que no curran en el campo, para los profanos) ha sido de 3-4%, lo que dista mucho de ese 6-7% que muestra el PIB per cápita. Si le vuelve a sonar a chino el asunto,  quiere decir que no han producido lo que les tocaría con esas tasas de crecimiento. Quizá alguno diga que la causa fue la productividad, es decir, que simplemente se han vuelto más eficientes. Si analizamos la productividad total de los factores (que mide la eficiencia de una economía y cómo de bien se usan los recursos), las conclusiones que uno extrae también son distintas de las del milagro asiático. Los datos muestran que en estos aspectos las economías asiáticas se han mantenido al mismo nivel que los países de la OECD o de las economías latinoamericanas en el mismo período. De hecho, si las economías más “guays” y fuertes fueran las que más crecimiento de esta eficiencia hayan tenido en el período, el panorama sería totalmente diferente (y no molaría tanto):


Fuente para sendas imágenes: Comments on Paul Krugman and Alwyn Young on The Myth of Asia’s Miracle - why ‘quantity’ may be more important than ‘quality’ in economics, John Ross

¿Cuál ha sido entonces la causa de ese gap o diferencia? Pues básicamente la inversión. La passsta. En estos países el volumen de inversión se ha multiplicado en este período por  dos, tres, o incluso cuatro veces gracias a las enormes tasas de ahorro que han tenido (y después dicen de los catalanes). Ahora bien, un mayor volumen de inversión no implica más calidad, y de hecho su eficiencia era peor a la de países como EEUU o UK. Vamos, que decían algo así como “¡Me sobra el dineroooo!” Pese a esto, los crecimientos brutos de la inversión fueron tan grandes que le permitieron converger rápidamente a nivel mundial. ¿Ha habido por tanto milagro económico? Sí, pero no gracias a la productividad y esas cosas que se suelen decir en los círculos políticos. La causa fundamental ha sido un ahorro excepcional que ha sido invertido de forma más o menos decente y que ha permitido un incremento total de la producción enorme. Podemos por tanto hacer una primera conclusión: ser tacaños es bueno para el país. Así que ya sabe, deje de mirar mal a su colega adulador de la Virgen del Puño y comiencen a respetarlo, pues es él quien está (o mejor dicho, estará) levantando el país.

Pasemos ahora a África. Las estadísticas oficiales internacionales dicen que África subsahariana ha estado creciendo durante los años 90 en torno a un 1% anual per cápita, lo que es muy escaso si lo comparamos con el resto de países subdesarrollados. Pero hay un problema con estas estadísticas, y es que son muy poco fiables. En otro artículo del autor ya citado, Alwyn Young trata de usar una nueva metodología para reestimar el crecimiento real de estos países. Usando una serie de encuestas llevadas a cabo en estos países sobre los niveles de vida, ha calculado que en realidad esta región había estado creciendo al triple de lo que indicaban las cifras oficiales. Esto podría cambiar muchísimo la imagen general que se tiene sobre esta parte del mundo en la década de los 90, que es totalmente opuesta. Ahora bien, la polémica que conlleva y la fama reforzada por un comentario de Krugman al respecto han provocado una oleada de críticas en todos los sentidos.

Por último y para dejar al lector con un sabor de boca dulce quiero mostrar una imagen más reciente y global de África con una perspectiva que no estamos acostumbrados a tomar: África como sinónimo de esperanza. Un continente que crece al 5% anual, cuyo nivel de pobreza extrema ha caído un 10% en la última década. ¿Retos? Muchos. Pero nadie duda de que está en el camino adecuado.

En Angola y Etiopía van a fuego
Fuente: The Economist