“Debemos buscar el diálogo, y éste no puede conseguirse con odio”

Samuel Epstein es un ciudadano israelí, empresario y  representante en Galicia de la Cámara de Comercio España-Israel. Es cierto que no responde al prototipo de judío que podríamos imaginar, pues se nota que  su acento está bañado por las aguas del Río de la Plata. Nos recibe en su casa de Vigo con  música hebrea que ameniza nuestra llegada y la conversación previa a la entrevista. Su tono calmado y reposado coincide a la perfección con su mensaje de paz y concordia. Casi hora y media de charla sobre Israel en la que hubo lugar para repasar su historia, su identidad como pueblo, sus costumbres e, inevitablemente, el conflicto con Palestina.

Samuel Epstein

La vida de un emigrante

¿Cuáles son sus orígenes?

Yo soy nacido en Uruguay, en Montevideo. A los 21 años me casé, emigré a Israel y viví con mi mujer y mis hijos 15 o 16 años allí, de los cuales, menos uno, vivimos en un kibbutz. En uno que está en la frontera con la franja de Gaza. Quiero aclarar que dentro de las líneas del 67, de antes de la Guerra de los Seis Días, las que están dentro de todos los tratados de paz.

El pueblo judío es un pueblo emigrante ¿en qué países ha residido?

El pueblo judío es un emigrante forzoso, igual que el gallego. Nosotros vivimos en Uruguay, en Israel, luego volvimos en misión oficial a Uruguay durante tres años, retornamos a Israel, luego vivimos 5 años en Venezuela también representando al estado de Israel, otro tiempo en Uruguay y ahora estamos en Galicia.

¿Una misión oficial como representante?

Era una misión dirigida al sector educativo. Trabajé durante todos esos años con jóvenes, en el tema de educación no formal, no en los colegios, en centros educativos… Y también en la parte de agricultura en Venezuela, dada mi formación como agricultor.

¿Y después de todas estas vueltas como termina en Galicia?

Yo tengo dos hijos. Mi hijo mayor se casó en Uruguay con una chica hija de un gallego y en un determinado momento, hace unos 7 u 8 años decidieron venirse a Galicia. Se llevaron buena parte de la familia, así que solamente por razones familiares, para estar cerca ellos.

¿De los países en los que ha estado, en cuál existe una mejor consideración del pueblo judío, en cuál está más organizado?

En Israel (risas).

En Galicia, por circunstancias históricas que ustedes conocen tan bien como yo, no existe una presencia judía organizada desde hace 500 años. Hay algunas familias nada más, así que nosotros vinimos a multiplicar la presencia judía en Galicia. Yo diría que entre Uruguay y Venezuela son bastante similares, comunidades pequeñas, quizá la uruguaya un poco más antigua que la venezolana, pero son bastante parecidas. Están organizadas con sus centros comunitarios, con sus servicios… religiosos y no religiosos, porque la mayoría de los judíos no somos religiosos. Pero no sé, pienso que es bastante parecido.

En Argentina están más organizados.

En Argentina hay una comunidad más grande, debe de haber ahora unos 200.000 judíos. Es una comunidad bastante arraigada de hace muchos años, muy bien organizada, y el hecho de ser un número bastante significativo le da una importancia y una trascendencia mayores, pero no dejan de ser argentinos (risas).

¿Es cómodo para un judío vivir aquí?

Para nosotros, en lo familiar y lo personal, es cómodo porque tenemos tan arraigada la identidad después de tantos años de vivir como judíos- tras de haber recibido una educación judía, después de haber activado las comunidades y de haber vivido 15 años en Israel- no nos es difícil vivir como judíos, pero imagino que aquel que viene solo no tiene el resguardo ni los servicios que le gustaría.

Si viene un judío, por ejemplo, religioso, aquí no hay una sinagoga, si yo me muero mañana no tengo un cementerio judío. No pienso morirme mañana, así que no me preocupa (risas). Ahora hay alguna comunidad que se está organizando en Coruña con algunos judíos y otros que se acercan al judaísmo. Está Amizade  que hace un trabajo muy importante y estamos nosotros que creamos la Cámara de Comercio España-Israel, una entidad totalmente comercial y empresarial que nos dedicamos totalmente al tema comercial y empresarial.

Algunas cosas no son tan fáciles. Aunque no seamos religiosos tratamos de conservar las tradiciones nacionales, por lo menos. Los viernes, si bien trabajamos los sábados, viajamos, fumamos, comemos las comidas que están prohibidas y hacemos todo lo que está prohibido en la religión… Pero desde el punto de vista tradicional tratamos de festejar las festividades que muchas de ellas tienen trasfondo religioso, como por ejemplo el sábado (el Sabbat) la fiesta más importante que tiene el judaísmo. Nos juntamos toda la familia y transformamos ésto de una cuestión religiosa a una cuestión familiar, pero con ese carácter de identificación con nuestro pasado, con nuestras raíces. Mantenernos como judíos, o sea, que lo consideramos importante y tratamos de transmitirlo a nuestros hijos y nietos.

¿Encuentra alguna similitud entre la sociedad gallega y la judía?

En varias cosas importantes. Existen diásporas gallegas y judías que son muy parecidas. El gallego también es un pueblo que ha emigrado mucho, que está disperso en muchísimos lugares del mundo y que se ha caracterizado también por un sacrificio, una fuerza muy grande, para progresar en los lugares donde está, pero que también se ha integrado en la sociedad. En este sentido, tanto en lo que se refiere a la dispersión como a la capacidad de trabajo, de fuerza, de emprendimiento… Somos muy parecidos, muy parecidos.

La morriña de los gallegos es muy similar a la nostalgia de los judíos hacia la tierra de Israel, no? Sin entrar ahora en cuestiones políticas, los judíos fuimos dispersos hace 2000 años, y nunca en esos 2000 años de dispersión por todo el mundo se dejó de rezar hacia el este, hacia Jerusalén. Las escrituras de la primera dispersión, la de Babilonia, dicen: “en los ríos de Babilonia cantamos y lloramos en recuerdo a Sión”. En ese sentido, los judíos siempre vivieron con nostalgia hacia ese lugar en el que se forjó la nacionalidad, la nación, y los gallegos igual. A mí me llamaba la atención y me gustaba escuchar ese acento gallego, la morriña hacia las aldeas.

Los gallegos que conocimos en los años 50, 60, que llegaban al Uruguay, eran gente muy pobre. Venían de las aldeas, gente muy triste, muy gris, en el sentido de que trabajaban mucho… En ese sentido somos bastante parecidos, gente que se ha hecho a base de un gran esfuerzo. Mi padre llegó de Lituania antes de la II GM y llegó como polizonte al Uruguay. Vendía caramelos en las calles. Y yo recuerdo a los gallegos, que trabajaban muy duro para llegar a lo que llegaron.

“Israel es convertir la necesidad en virtud”

¿Qué significa Israel para un judío? Seguramente algo que va más allá de la religión.

Es indudable que trasciende la religión. Si bien en Israel hay centros religiosos importantes para los judíos, para nosotros es el hogar. Es el lugar que tratamos los judíos de conservar en nuestras mentes y corazones durante miles de años difíciles de dispersión y al que siempre anhelamos regresar para ser una nación libre. En Israel se forjó la nación judía aunque la mitad de la población judía del mundo no viva allí. Este renacimiento del hogar nacional siempre lo veo como un privilegio para mi generación. Sin hablar de las cosas horrorosas que han pasado, porque no es ese el tema, yo creo que el hecho de tener un hogar nacional donde nos podamos expresar libremente es importante y es lo que representa Israel para un judío. Significa la cristalización de un sueño de muchos años.

Usted, como nos ha dicho antes, vivió durante mucho tiempo en un kibbutz. ¿Puede explicarnos un poco más cómo es la vida allí?

¡Uf! Para eso hace falta un seminario entero (risas). El kibutz, como muchas cosas que a mi entender hacen a esta Israel moderna, surge en la transformación de la necesidad en virtud. El kibbutz nace hace 101 o 102 años en plena efervescencia de las ideas nacionalistas y socialistas, en lo personal creo que surge por una necesidad de supervivencia y de construir un nuevo país. ¿Por qué? En los años finales del siglo XIX hubo inmigraciones no muy numerosas de judíos, sobre todo de los países de Europa Oriental: Rusia, Polonia, Ucrania, Lituania… y era la época de la segunda oleada. Había que instalarse y trabajar la tierra para sobrevivir y la tierra de Israel era bastante inhóspita. Si conocen un poco la geografía de Israel la mayor parte del terreno eran desiertos y, lo que no, pantanos. Era sobrevivir en esas circunstancias y además teniendo en cuenta que a los judíos en la diáspora, durante 2000 años, no se les permitía tener tierras. No conocían el trabajo agrícola, eran intermediarios, financistas, artesanos, pero al no poder poseer tierras el trabajo de la tierra les era ajeno y difícil.

Esas primeras inmigraciones que llegaron a Israel, todavía en la época del Imperio Otomano, colonizaron determinados lugares pero no pudieron sobrevivir. Diría que la primera inmigración fracasó porque se morían de hambre. La segunda inmigración la realizó gente ya portadora de un contenido ideológico más importante y pensó que iba a ser mucho mejor unirse para crear una comuna. El primer kibbutz que se creó fue practicamente una comuna de amigos que se reunieron y dijeron: “vamos a compartir lo poco que tenemos y vamos a ayudarnos los unos a los otros”. Y así surge. Al principio era un kibbutzim de pocos integrantes que vieron su forma de vida en la solidaridad y en el compartir absolutamente todo, desde los medios de producción hasta la ropa… ¡algunos compartían hasta las mujeres! (risas) Pero bueno, esa fue la semilla que fue evolucionando.

¿Y cómo era la vida en el que vivió usted?

Nosotros la recordamos con muchísimo cariño porque además vivimos allí los años más lindos, desde los veinte a los treinta y pico. Son los años que ustedes deben estar viviendo ahora y saben de lo que les hablo. Se pone énfasis en prioridades que, si bien se necesita material para llevarlas adelante, son básicas: la educación de los hijos, compartir con el vecino, ayudar a aquel que no tiene las mismas posibilidades que tú para trabajar, etc. Había una frase en el kibbutz que reflejaba lo que era, por lo menos en aquella época en los 50: “uno da de acuerdo a lo que puede y recibe de acuerdo a lo que necesita”. Y aparte la vida en el campo y el trabajo en la naturaleza deja recuerdos interesantes. Una experiencia única.

Nos comentó un poco antes que procura mantener la forma de vida judía ¿hay algún rito o costumbre que le gustaría que la gente conociese o que desconocemos?

Nosotros vivimos la vida judía en lo que se refiere a la identificación con lo nacional. No con el nacionalismo, ¡ojo!, con lo nacional. Nosotros no vamos a la sinagoga, pero siempre tenemos presente las festividades y las celebramos. Yo siempre sostengo que mi condición de judío se sintentiza en el hecho de sentirme identificado con el pasado judío, comprometido con el presente y el futuro judío y, sobre todo, con el presente y futuro de Israel. Eso políticamente no quiere decir absolutamente nada.

Tiene también un papel importante para un judío la lengua, el hebreo. ¿Le dan importancia, intentan educar a sus hijos en ella?

Te agradezco la observación porque es importantísima. La lengua es un elemento fundamental de la identificación de uno con sus semejantes. Mi mujer, mis hijos y yo hablamos hebreo, mis nietas ya no. Entre nosotros hablamos en castellano, pero nos gusta hablarlo y estamos diariamente en contacto con Israel, leemos el periódico digital todos los días, nos gusta escuchar música hebrea y demás. La lengua es sumamente importante. Además a nosotros nos ayuda sumamente en nuestras ocupaciones al trabajar con Israel. Nos gusta hablar, aunque algunas cosas hemos perdido porque hace muchos años que no vivimos en Israel, pero vamos seguido.

¿Y la lengua la aprendieron en casa o la estudiaron después?

Personalmente, aunque en Uruguay había alguna escuela judía, de niño aprendí muy poco.La lengua la aprendimos viviendo en Israel.

¿Como animaría a alguien de fuera o que no conozca la cultura a acercarse a Israel?

Visitándolo. Nosotros, en estos tres años que estamos dirigiendo la delegación en Galicia de la Cámara de Comercio España-Israel, hemos llevado varias misiones, no numerosas, a Israel. Misiones empresariales, tecnológicas o universitarias y yo creo que esa es la mejor muestra de lo que es Israel. Tienes libros, películas… hoy no hay casi secretos. Pones Israel en Google y te aparece todo. Si quieres leer periódicos de Israel en inglés o en español no tienes problema, pero no hay nada como la presencia y el convivir aunque sea unos días con la sociedad israelí. Muchas veces es desconocida porque aquí, y en todos lados, la prensa subraya algunos aspectos que se pueden interpretar como negativos pero que existen, no lo voy a negar. Tu vas por el Israel y el religioso está ahí. Eso sí, vas por Israel y no ves un tanque por la calle ni nada por el estilo como alguna gente piensa. Ayer justamente hablaba con una empresa que irá a Israel a principios del año próximo y me decían: “yo iba a viajar con otra persona pero tiene miedo por la seguridad”. Nuestra experiencia al respecto de gente no judía que hemos llevado a Israel o que ha viajado a Israel es sumamente positiva.

El conflicto a kilómetros de distancia

¿Cómo se vive desde lejos el conflicto con Palestina, especialmente los últimos episodios, que es lo que más reciente está?

Se vive con preocupación. A veces con angustia, no cabe la menor duda. Uno es humano y tiene muchos seres queridos. Son muchos años ya de falta de solución, pero yo en lo personal trato, he tratado siempre, de ser optimista y espero seguir siendo optimista. No es fácil pero sigo con la esperanza de que la situación cambie.

Yo pensé que me ibas a preguntar cómo veía yo el cese al fuego, porque me imagino que hay discusiones al respecto tanto en la sociedad israelí. En lo personal, todo aquello que sea salvar vidas, todo lo que sea digamos, pasar de esa sensación de miedo a una sensación de más tranquilidad creo que, por lo menos momentáneamente, es positivo. La felicidad y la alegría de cientos de amigos, porque nosotros vivimos quince años allí, puedan volver después de muchos días de haber tenido que abandonar. Donde nosotros vivimos, que está en la frontera con Gaza, fueron desalojados.

Precisamente de eso íbamos a hablar ¿hasta qué punto condiciona vivir tan cerca de Gaza la vida normal? ¿Se vive con más tensión o si sólo son esos momentos puntuales en los que el peligro se acentúa?

No, se vive con mucha tensión, y más en estos últimos años. Imagínate, esa gente tiene siete, ocho segundos para refugiarse en esa…no sé si decir que es una pieza de seguridad,. Estás durmiendo, hay un aviso. Se vive con mucha tensión indudablemente. Por otro lado, yo creo que es bueno destacar que a veces, parece hasta milagroso que las víctimas no sean tantas. Pero es otra vez lo mismo, en Israel se transforma la necesidad en virtud. Ante la sequía y la falta de agua en Israel, se desarrolló el sistema de riego por goteo, la desalinización de las aguas, la gestión de aguas residuales. Ante la necesidad de crear un idioma común, porque el hebreo era un idioma que se hablaba solamente en los lugares religiosos, muy limitado, se creó un idioma moderno. Ante la necesidad de “absorber” a gente que venía de lugares sin ningún tipo de preparación, ni académica, ni profesional, ni nada, fíjate que venían refugiados de países que vivían en cavernas prácticamente, se desarrollaron centros de estudios y universidades técnicas que están dentro de las mejores del mundo. Ante un mercado pequeño de 7 millones de habitantes, se desarrollan empresas comerciales que están en todos los lugares del mundo. Frente a esa necesidad de supervivencia, se crea un tipo de sociedad solidaria que tiene muchas ventajas frente a otras sociedades, y entonces se autoabastece.

Cuando el mundo pasa a ser un mundo en el que las nuevas tecnologías son las que realmente dominan el mundo, Israel apunta esas nuevas tecnologías y es puntero ellas. Frente a la escasez de energía, se desarrollan energías renovables. Y ante esta necesidad de defenderse, lamentablemente no. Israel desarrolla esas baterías que interceptan los proyectiles y los derriban, eso es otra muestra de transformar una necesidad en virtud. Hoy día, por suerte, gran parte de esos proyectiles que llegan desde la franja de Gaza son interceptados por esa tecnología desarrollada por Israel. Entonces se vive con tensión, se vive con angustia, pero se trata de solucionar los temas. No de solucionar, porque no es la solución, pero se buscan medios de salvar vidas.

 Samuel Epstein

Existe una comunidad árabe amplia en Israel. ¿Es fácil la convivencia con ella?

Existe una comunidad, no sé decir el número que yo en matemáticas siempre fui muy malo, me cuesta memorizar los números, pero aproximadamente más de un millón de árabes israelíes. Estos son aquellos que siguieron viviendo desde la creación del Estado, en el año 48 en el Estado israelí. Son ciudadanos israelíes. La convivencia no es difícil. Si bien, como todo grupo humano, viven en sus lugares y, prácticamente todos, viven juntos. Les es más fácil, porque les gusta, porque han vivido allí toda la vida, pero están integrados en la sociedad israelí. Pagan impuestos como los israelíes, tienen trabajo, unos mejores y otros peores, trabajan conjuntamente en los hospitales, en donde haga falta. Eso de la convivencia, si no la viciamos con teorías radicales de ambos lados, yo creo que es posible. Se ha demostrado en sesenta y pico de años que es posible y que es positiva.

¿Cree que los medios de comunicación reflejan fielmente la realidad de la convivencia o de la tensión que puede haber? En el mundo en general y en España en particular.

Yo creo que hay un grado muy grande de ignorancia del tema en los medios de comunicación. En la gente de a pie generan más desinformación que información. Yo diría que, más que nada, posiblemente haya medios que pertenezcan a un determinado grupo político, ideológico que tenga determinados intereses. Yo creo que, es un tema de no apegarse a la realidad, de ir más bien con slogans, con frases hechas y tratar de destacar. Lo que se debería tratar es de ser más positivos, destacar las cosas positivas y los adelantos porque no ganamos nada con sembrar odio.

¿Quizás de esas partes del mundo sólo se conocen las cosas que pasan cuando son conflicto y no cuando hay algo positivo? De las dos partes, tanto de la parte palestina como israelí.

¿Tú eres periodista no? O aspiras a ser periodista. Yo soy empresario, todos tratamos de vender y, lamentablemente, se vende lo que es más “atractivo” para el comprador. No siempre es la verdad y no siempre es constructivo lo que se vende.

¿Considera que hay como un posicionamiento de los medios de comunicación a favor de Palestina en este conflicto?

Se lo deberías preguntar a los medios. Yo no creo, y es una apreciación totalmente personal, yo no creo que ayuden a los palestinos. La mayoría de esos periodistas no conocen a un palestino, no conocen Israel, nunca han estado en Palestina. Le hacen daño a la causa palestina porque no se buscan soluciones, se busca sensacionalismo. ¿En que ayuda a los palestinos eso? En absoluto, lamentablemente.

¿Es poca objetividad lo que se muestra?

Lo que hay que buscar es el diálogo, y el diálogo no se busca a través del odio. Yo creo que lo que trae en esto, como en otros casos, mejoras o soluciones es el diálogo justo, el darle seguridad a todos, darle bienestar a todos. La solución a un problema no puede venir en prejuicios de otros, tiene que venir a favor de todos. Las Naciones Unidas creo que fueron hechas para cuidar la paz, la seguridad, pero la seguridad de todos, de todas las naciones. Y la paz y el bienestar de todas las naciones. Es un tema complicado que entrar en el sería bastante complicado.

¿Estamos perdiendo demasiado tiempo pensando quienes son los buenos y quienes los malos?

Hay buenos y malos en ambos bandos. Yo no estoy entre los buenos ni entre los malos.  Ustedes son muy jóvenes y ojalá que la próxima vez que nos veamos podamos hablar más de comercio, de la universidad… y que esto se acabe pronto.

¿Ve en un futuro relativamente próximo el final del conflicto? ¿Cuáles son sus deseos?

Yo estoy casado con mi mujer desde hace 41 años. Nos conocimos de muy jóvenes y, desde entonces, ya habíamos programado que viviríamos en ese kibutz al lado de la franja de Gaza. Yo enamoré a mi mujer cantando. Me gustaba cantar y aún lo hago bien. Cuando quieres enamorar a alguien tienes que hacerlo mediante un canto romántico, un bolero, una balada… Pues yo la enamoré a través de un canto de paz que decía, en hebreo: “veremos amigo, que llegaremos al día, en que nuestra frontera habrá paz, e iremos al cine a ver una película hablada en árabe”. Si yo pude enamorar a mi mujer con palabras de paz creo que la paz puede conquistar a mucha gente, porque es una necesidad de todos. Reconozco que es muy difícil, pero quiero ser optimista.

Yo me dedico a la construcción, construyo puentes entre España e Israel a través del comercio y el traspaso de conocimiento.  Tenemos que aprender a construir y no destruir, en este mundo ya hay demasiada destrucción. Acercándonos a la realidad del Medio Oriente, no existe ninguna razón objetiva que por la que esa zona no pueda ser una potencia económica. Si nos juntásemos en una especie de Unión Europea creo que todo podría ir mejor. Quizá esté siendo muy romántico, pero no creo que sea irreal, podría llegar.

Agradecimientos a Simón Caaveiro por su cooperación en la preparación y elaboración de la entrevista, así como a David Fontán y Nuria García en la labor de transcripción.