Sonetos fechos al añejo modo (y una canción despedazada)

Ejemplo (a la maniera de Félix Lope de Vega)

Para que esto se parezca a un soneto
convendría engalanarlo en la aurora;
tal vez una frase desgarradora
podría acabar el primer cuarteto

y empezar el segundo algún boceto
de azul metáfora conmovedora.
Se suele buscar la rima impostora
con que introducir el vals del terceto,

que llega tan veloz como la muerte
y desaparece de igual manera
para dejarle sitio en su reverso

a su mellizo rítmico sin suerte,
guinda de la tarta imperecedera
que culmina el décimo cuarto verso.

A un puñal escaso (a la maniera de Francisco de Quevedo)

Más breve incluso que el breve Pipino,
más corto que un tráiler de peli porno,
el fruto del sinfín de tu trastorno
es más ciruela acaso que pepino.

La burla del país elefantino
que no cree en la trompa como adorno,
la coma pequeñita del contorno,
la hormiga en el mundillo masculino.

Hermano de la célula colgante,
escala del humor para el buen puto,
el punto de cualquier interrogante.

“¡Qué pronto se termina tu atributo!”,
dicen las damas cuando por delante
ven tu puñal escaso y diminuto.

Yo te nombro (a la maniera de Luis de Góngora)

Te nombro en el olvido, amor, te nombro
y me arrastro por las venas de la cama
buscando aquella duda que embalsama,
la flor que sobrevive entre el escombro.

Perece en mí la fe de la esperanza.
La larga noche y tu mirar sincero
son los altos tótems que yo venero
cuando inician los astros su ágil danza.

La cadena perpetua de tu ausencia
es la condena con la que redimo
los crímenes de mi condescendencia.

Te nombro cuando solo me lastimo,
cuando mis manos buscan tu clemencia
y sólo hallan el dolor que reprimo.

Himen

La lleva leve de la mano,
la llave eleva la ufanía,
la lluvia levantina, lento plano
donde la línea dobla la vía
y la llama llama a su amo.

Luego lanzan lirios, elegantes,
en lagunas lánguidas y hambrientas,
liman los límites los amantes
en la luna lejana, luna cruenta.
Larga lucha de locos mares.

Estalla en llanto la cebolla.
Llora mientras llena su huella
una centella de ayer y de joya
con la agalla allá, en una botella
donde llanea el apoyo de su sombra.

Llega el sello o la llaga,
mella libre, latente libelo;
libada la letra, la lumbre se apaga,
los latidos lamentan, lucen su velo.
Las amapolas alimentan la sábana.