¿Por qué fracasan las naciones? (y II)

Comienzo esta segunda parte recordando que en el anterior artículo he explicado qué era una institución, la diferencia entre instituciones extractivas e inclusivas, la gran importancia de los puntos críticos y cómo estos han marcado el inicio de la Revolución Industrial. En esta ocasión terminaré de detallar los aspectos funcionales de la teoría para ver cómo evolucionan y se construyen estas instituciones, la fragilidad del crecimiento bajo instituciones extractivas, ejemplos aplicables y los posibles defectos y críticas que se le han realizado.

Para empezar vayamos con un gráfico que relaciona las tasas de crecimiento anuales entre 1960 y 2007 y el PIB per cápita a niveles de 1960. Para los de letras, esto quiere decir que relaciona la riqueza inicial de un país en 1960 con cuánto ha crecido en el período  1960-2007. Una de las primeras conclusiones que podemos extraer es que los países más ricos en aquel momento han tenido tasas menores (lo cual es normal y ayuda al proceso de convergencia de los pobres con los ricos). Ahora bien, observamos asimismo una heterogeneidad muy significativa en los que son más pobres, con desarrollos excepcionales como los de China, Corea del Sur o Singapur. Estos tres casos resultan muy curiosos e importantes para poder comprender la teoría de Acemoglu de la forma correcta, ya que aparentemente parecen contrariar la base de la teoría.

La zona que parece Blaster un jueves a la noche no nos interesa.
Fuente: http://hjoshaghani.blogspot.com.es

Empecemos con una simple pregunta: ¿Cómo se explica el crecimiento de Corea del Sur cuando vivía en una dictadura, el de Singapur o el de China en las últimas tres décadas? Si supuestamente las instituciones que controlan -o controlaban, en el caso de Corea del Sur- son extractivas, ¿No debería suceder al contrario? ¿No habíamos quedado en que las dictaduras poseían incentivos perversos para comportarse como déspotas que solo buscaban absorber la riqueza de sus ciudadanos? Aquí se complican las cosas. Imaginemos que nosotros somos esos déspotas, con sus bigotes, su tono revolusionario  y esas cosas autoritarias que tanto gustan: ¿Nos creeríamos capaces de controlar una economía libre para extraer sus recursos? Probablemente la mayoría diría que no y optaría por el sistema “estándar” de países pobres con gran opresión política y económica. Ahora bien, si tomamos la otra vía y sale bien las ventajas para nuestros bolsillos serían mucho mayores. Pero esta vía tiene multitud de problemas, y es que es muy difícil crear unos incentivos correctos (de innovación, atracción de inversores extranjeros, etc.) a la vez que restringen las libertades sociales. Es por ello que la mayoría de este crecimiento es de catch-up, es decir, un crecimiento donde simplemente se importa tecnología exterior pero no se crea dentro del país, ya que resulta imposible animar a empresas e individuos a innovar de forma consistente. Esto es válido para China, pero no para Singapur o Corea. El caso de estos dos países es relativamente simple: instituciones sociales extractivas (autoritarias y con falta de libertades) pero con instituciones económicas inclusivas. Esto ayuda a generar unos incentivos adecuados a la innovación y a la atracción de capitales extranjeros pero manteniendo cierto grado de restricción a algunas libertades.

El problema de este esquema es que conforme más libre se es en la esfera económica mayores son los reclamos de la población a favor de una política más laxa y libre en el ámbito social. Esa es la razón por la que Singapur combina elementos democráticos y autoritarios, dando ciertas concesiones en algunos aspectos pero controlando de forma abusiva otros: por ejemplo, es uno de los países con menor corrupción y mejor comportamiento la ley y el orden; y por otra parte, ha sido acusado por organizaciones internacionales por la falta de respeto a ciertas libertades individuales, derechos humanos y otras cuestiones sociales. Por ejemplo, como todos sabemos el riesgo que tienen los chicles para la seguridad de nuestra sociedad, Singapur ha optado por prohibirlos salvo en casos terapéuticos. Lo que se saca en claro es que unas instituciones económicas inclusivas llevarán antes o después a mayores libertades y concesiones sociales, sin que por ello la posición de las élites deba verse muy dañada (se podría decir que lo que pierden por un lado lo ganan por el otro). Es por ello por lo que si bien China ha estado creciendo brutalmente en las últimas décadas esto no implique necesariamente una mejora democrática (al menos no de forma inmediata), ni tampoco que este crecimiento sea infinito. Si no lleva a cabo cambios para mejorar los incentivos a la innovación y a la libertad económica terminará fracasando.

Pero toquemos ahora un tema relacionado que les gusta mucho a liberales y comunistas. La URSS. Ese ente legendario que nos ha proporcionado el mejor himno de la historia y vídeos corales épicos. Su caso es extremadamente interesante no solo por ser una referencia histórica e ideológica para muchos, sino también porque durante su época de “esplendor” se esperaba que terminase siendo económicamente más fuerte que EEUU. De hecho, los libros estadounidenses como el de Samuelson afirmaban  a mitad de siglo que la URSS alcanzaría los niveles de producción de Estados Unidos entre 1984 y 1997. La realidad, como muestra este gráfico que retrata el PIB per cápita de la URSS con respecto al total de EEUU, fue distinta:

Hasta el 73 todo parecía ir bien peeero…
Fuente: ramapo.edu

¿Por qué se interrumpió la convergencia con Estados Unidos? ¿Fue la causa última la desapareción del bigote de Stalin? Usemos la perspectiva anterior. Dado que la regulación de la URSS jamás proporcionó los incentivos que sí dieron Singapur o Corea, el crecimiento pudo haber sido de catch-up. De hecho, la razón de la convergencia fue la brutal industrialización russian style. Todos sabemos lo que le gustaba a Stalin el tema de las movilizaciones masivas, colectivizaciones y esas cosas molonas. En 1940 el sector agrícola representaba el 55% del PIB. 30 años más tarde, el 25%. El sector industrial pasó del 28 al 46%. Para que se haga una idea, Estados Unidos apenas si pasó en estos mismos años del 35%. Cabe decir que la industria es mucho más productiva que la agricultura, por lo que las movilizaciones, colectivizaciones y demás -ciones destructoras de bienestar humano fundamentaron de facto el crecimiento económico de la URSS durante estos años. Por tanto podemos ver que el crecimiento basado en estos medios no puede ser eterno, ya que antes o después estas ganancias de cambios sectoriales terminarán por acabarse. Además, la falta de innovación e incentivos adecuados que proveen las instituciones extractivas hacen imposible el crecimiento sostenible de una economía a largo plazo.

Una pregunta que puede usted realizarse es: ¿Cómo es que los países con sistemas buenos y malos tienden a mantenerse en el tiempo? La cosa puede explicarse a través de lo que se llama círculo virtuoso y círculo vicioso. El círculo virtuoso se da cuando las propias instituciones inclusivas tienden a retroalimentarse. Por ejemplo, no cabría pensar que la población de un país serio pudiera admitir el nombramiento de una institución independiente del Estado a dedo por el propio gobierno, ya que la intolerancia a ese tipo de actos extractivos aumenta conforme lo hace la inclusividad total del sistema. El círculo vicioso es exactamente lo contrario, es decir, que es difícil salir del pozo cuando estás rodeado de heces. La corrupción, los sobornos y la mala praxis como ley suprema dificultan mucho el cambio de actitud. Pero no todo está ganado ni perdido. Los procesos son alterables y una democracia que se debilite, esté dividida y no reaccione con fiereza a los abusos de las élites puede perfectamente verse envuelta en un círculo vicioso institucional. Lo mismo sucede en el otro sentido, y de hecho es lo que ha permitido que hoy seamos mucho más ricos que en el pasado.

Como hemos visto, la teoría de Acemoglu y Robinson puede explicar todo el proceso político e institucional en el que nos vemos envueltos todos los días, y nos hace ver que los políticos no son imbéciles (bueno, en algún caso sí), sino demasiado listos. Pero no nos escandalicemos. Se podría argumentar que es natural y es algo que se ve en multitud de ámbitos, por mucho que nuestra moral social actual no lo quiera ver. Lo que importa es que ese comportamiento es maleable y puede adaptarse como mejor convenga al resto de la sociedad. Pero esto también nos lleva a una conclusión bastante difícil de aceptar en lo relacionado con la ayuda al desarrollo, y es que se deja entrever que el dinero que va destinado a la población más perjudicada por las élites extractivas en realidad redunda en estas, siendo de facto un auténtico desperdicio de dinero. Según esta teoría las vías para ayudar a los países del tercer mundo deberían ser distintas y focalizarse en el cambio institucional.

Observe esa mirada de frío y calculador escrutinio.
Fuente: sindicatoandaluz.org

Pero vayamos con las críticas, que siempre las hay. Si bien los ejemplos son numerosos, las dificultades metodológicas provocan que la teoría padezca de falta de datos empíricos medibles, lo que genera cierto escepticismo y nos lleva a tomar con prudencia los argumentos ya expuestos. Jared Diamond, doctor por Cambridge, ganador del premio Pulitzer y autor de varias obras relacionadas con el tema afirma que si bien las instituciones tienen un papel relevante se han dejado de lado otros factores como son los daños medioambientales permanentes. En esta misma línea Jeffrey Sachs, doctor en Economía por Harvard y experto en desarrollo económico argumenta que se  infravaloran otros factores como el geográfico. Una crítica más dura ha sido la de la profesora de Historia Económica en la Northwestern University, Regina Grafe, que establece varios problemas metodológicos y vacíos argumentales en la teoría. También hay otras relevantes como la de Fukuyama.

Sea como fuere, no cabe duda de que el impacto que ha tenido su obra en el mundo académico ha sido muy importante y ha abierto nuevos filones académicos para explotar. Además, el tono divulgativo, claro y completo del libro es complementado por el blog que administran sus autores, donde han ido dando respuesta a estas críticas y han ido perfeccionando la teoría. Es por ello por lo que cabe esperar el surgimiento de nuevas hipótesis, teorías complementarias y otros aspectos que ayuden a dilucidar una de las preguntas más importantes que nos podemos plantear desde la Economía: ¿Por qué fracasan las naciones?