María Luz Morales, la cara oculta del periodismo

La primera mujer en dirigir un periódico en España, precursora de las críticas de cine en la prensa ibérica, inconformista y discreta. Así es María Luz Morales: la cara oculta del periodismo.

Subir al trastero debería ser considerado deporte de riesgo. A veces vale la pena y entre tantos juguetes viejos te encuentras con alguna revista de los años en los que las familias españolas estaban sometidas a la cartilla de racionamiento. Una Fotogramas de aquella época puede aliviarte una tarde invernal de manta y sofá. La abro y de repente mi cerebro hace un viaje en el tiempo (sí, como en las películas en las que el personaje se teletransporta a otra época en blanco y negro). Veo a una mujer elegante sentada en un escritorio. Suena la puerta, apoya la pluma sobre la superficie de madera y se levanta. Me acerco a la mesa sobre la que hay un papel: “Felipe Centeno” pone al final del escrito. Gira el pomo y de repente aparece Federico García Lorca. ¿Cómo? ¿Qué hace Lorca en mi sueño? Viene con un ejemplar de “Romancero Gitano” bajo el brazo, se lo entrega a la dama y entra en la habitación. Me despierto.

¿Qué será lo que he soñado? San Google me ampare, enciendo el ordenador y busco información sobre “Felipe Centeno”. Unos cuantos vídeos de un niño ecuatoriano, una entrada sobre el doctor Centeno de Pérez Galdós y ahí está: la mujer que vi en mi sueño. Tan solo un click me hace falta para descubrir a María Luz Morales.

Nacida en A Coruña en el año 1889, María Luz se muda a Barcelona siendo pequeña. Este viaje no impide que María Luz tenga siempre a Galicia presente no solo en su vida sino también en su obra.

María Luz Morales viene de una familia burguesa, pero a pesar de la comodidad que le permite esta clase lucha por sus ideales aunque siempre desde la discreción. Este atributo es el que hace que actualmente María Luz sea una persona desconocida a pesar de la importancia que tuvo a lo largo de su vida.

Empieza en el mundo periodístico en el año 1921 tras ganar un concurso en la revista barcelonesa “El Hogar y la Moda”, publicación que comienza a dirigir dos años más tarde. Esta incursión en el periodismo que poco tenía que ver con sus estudios de pedagogía continúa en los años siguientes. En el 1924 empieza a colaborar en el diario La Vanguardia donde se encarga de la sección “Vida cinematográfica” bajo el seudónimo de Felipe Centeno. Sin prisa pero sin pausa, en el año 1926 se une a la redacción del diario madrileño El Sol con su sección “La mujer, el niño y el hogar”. A pesar de los años en los que vive, el enfoque de sus artículos rompe con la tónica de la época. La mujer no es tratada simplemente como un ama de casa, sino que quiere que las lectoras de sus piezas salgan a luchar por sus derechos y busquen la independencia económica.

Con el estallido de la Guerra Civil en España, un consejo de obreros de La Vanguardia nombra directora del periódico a María Luz Morales de modo provisional. De ideología republicana pero apartidista, la coruñesa de nacimiento acaba encarcelada en la década de los 40 en un convento barcelonés. De esta etapa de su vida poco se sabe ya que ella misma no quiso hablar del tema, aunque continuó escribiendo durante su período de prisión.

María Luz Morales fue una de las precursoras de las críticas de cine en España. El enfoque que ella daba a sus artículos era completamente distinto de lo que hacía el resto, ya que se Morales se centraba en aspectos que a priori podían parecer menos importantes. De este modo, entre sus artículos podemos encontrarnos títulos como “El cine y sus monstruos”, “El arte de acabar” ­—analiza los tipos de finales de las películas— o “La polémica del cine” —trata el paso del cine mudo al sonoro—. Así, consiguió no solo colaborar con la prestigiosa productora Paramount Pictures, sino que estuvo trabajando en revistas como Fotogramas o Lecturas.

Pero no sólo el periodismo era su gran afición, sino que otro aspecto importante de su vida fue la literatura. Dentro de ella, cabe destacar la traducción de obras infantiles para la “Colección Araluce: grandes obras al alcance de los niños”. Aunque esto no fue lo único que escribió, ya que su extensa bibliografía es un buen representante de su trabajo literario. De entre sus obras cabe destacar “Balcón al Atlántico”, novela ambientada en su Galicia natal; sus enciclopedias de cine y de moda y “Alguien a quien conocí”. En esta última relata sus encuentros con siete personalidades de la época como Marie Curie, el conde de Keyserling o Federico García Lorca. Nuestra protagonista tuvo trato personal con el autor granadino, ya que este aparece en el domicilio de María Luz el día después del estreno de su obra “Doña Rosita la Soltera o el lenguaje de las flores”. Esto se debe a que la crítica que saliera publicada aquella mañana le había gustado tanto al dramaturgo que para agradecerle el trabajo, le llevaba un ejemplar de “Romancero Gitano” dedicado.

Pero las relaciones de María Luz Morales con el mundo de la cultura no se quedan en García Lorca: Eduardo Blanco Amor, el doctor Gregorio Marañón, Ortega y Gasset o Ramiro de Maetzu son otras de las personas con las que se relacionaba María Luz Morales y con las que llegó a crear grandes lazos de amistad.

Culta, discreta, feminista —aunque no lo quisiera reconocer— y reivindicativa son las cualidades de María Luz Morales, que aun siendo “La gran señora de la prensa” como la acuñaban sus acercados, se quedó en la sombra de una fama más que merecida. Pero para darse cuenta de estas cosas, hay que subir a ordenar el trastero.

Agradecimientos a Lidia Fernández, Vera Martínez y Paula Quintás por sus horas de trabajo y a Marcos Doespíritusanto, Óscar Losada y Carme Vidal por sus aportaciones en el acercamiento a esta figura.