Los Enemigos, desde la Capitol

Creo, sinceramente, que Los Enemigos nos han tenido engañados esta última década. No se puede, al menos para seres humanos corrientes, estar diez años sin tocar como banda, volver a juntarse y dar un conciertazo de dos horas como el que dieron ayer en la capital gallega. Por tanto sólo quedan dos opciones posibles: o han estado ensayando a escondidas durante estos últimos años o son de otro planeta.

© Charlie Peartree

Se abre el telón. Josele, Manolo, Chema y Fino aparecen tras él mientras la Capitol se viene abajo. La guitarra del Maestro Pocero ataca con “John Wayne” como ha sido habitual en todos los conciertos de la Revuelta Enemiga. Al fin un concierto en una sala, las expectativas son altas y no defraudan.

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Podría hacer daño el agua y no el licor, podrían los años no pasar factura…” La velada continúa con “Brindis” mientras el respetable corea cada uno de sus versos. Canción a canción avanza un set list que recoge canciones de toda la discografía enemiga, desde himnos como “Septiembre” o “Desde ele jergón” a canciones que hacía más de dos lustros que no se oían en un escenario como es el caso de “El fraile y yo” o “Clonaciones SA”. Hubo sitio también para “Dentro”, “Antonio”, “La carta que no…” y “Miedo

Pablo Novoa tuvo dos papeles esa noche, primeramente el de espectador sonriente, copa de vino en mano, y seguidamente de miembro Enemigo sobre las tablas. Pablito hizo notar su guitarra en “No amanece en Bouzas” y “La otra orilla”. Momentazo brutal de la noche. Para el recuerdo.

Es necesario destacar la calidad de sonido que ofrecieron grupo y sala. Un volumen perfectamente medido que permitía distinguir en todo momento lo que salía por los altavoces, desde los coros al arreglo de guitarra más oculto. De diez, al menos en la zona por la que se movía un servidor.

© Charlie Peartree

El ambiente de júbilo alcanzó momentos álgidos como en “Yo, el rey”. Personalmente, destaco el primer bis y el fantástico blues “Que bien me lo paso” con un Josele en estado de gracia a la hora de ejecutar las notas de su stratocaster.

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Fino se atrevió a cantar de nuevo “No se lo cuentes”, canción incluida en su último álbum de estudio “Nada”  y con la que se enfilaba la recta final del concierto. El primer bis incluiría la ya citada “Que bien me lo paso”, “Soy un ser humano”, “Todo a cien” y “Complejo”. Con esta última fueron acabando los conciertos de esta última época, pero el público parecía concienciado en que este no era un concierto más y la ocasión requería no moverse ni un milímetro del sitio y corear el nombre de la banda, lanzar camisetas al escenario y reclamar una última canción. “Alegría” fue la elegida. Curiosamente, si durante años abrió sus directos, ayer en Compostela cerró la noche.

Un concierto Enemigo es una absoluta juerga. Una fiesta como dios manda que destila alegría. La sobriedad mostrada por la banda y sus tablas sobre el escenario son admirables. Pocos grupos desprenden esa aura mágica que sudan Los Enemigos en cada concierto. Da igual que hayan pasado diez años y que éstos si pasen factura, lo cierto es que ahora podemos volver a realizar una cuenta atrás, podemos volver a ir por la sombra hasta que nos despertemos empezados los examenes de septiembre. Josele, Fino, Manolo y Chema son la BSO de una vida para muchos.

Vuelta a la lluvia que azotó todo el día la capital gallega, la gente se agolpa en la entrada de la sala, muchos se abrazan y sonríen, otros encienden pitillos raudamente, algunos renuevan vestuario en el puesto creado para la ocasión. El camino a casa se hace más corto que nunca, y parece que no importa llegar empapado y chorreando al portal. Todo parece minúsculo si lo comparas con un concierto de Los Enemigos.

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Texto y fotos: Charlie Peartree