Grandes Maestros: Oscar Niemeyer

Creo que la temática de este artículo no sorprende a nadie, y más después de mi sincera y sentida despedida a ese Arquitecto, maestro y referente: Oscar Niemeyer. Por mucho que tuviese 104 años, o que llevase ya unos meses entrando y saliendo del hospital, lo cierto es que su muerte me cogió por sorpresa. Como dije en mi último artículo, Niemeyer es para mí el gran referente, el arquitecto cuya obra he consultado al arrancar con todos y cada uno de mis proyectos. Y aunque mis formas y las suyas son radicalmente opuestas, lo cierto es que en mis proyectos siempre hay un poquito de Niemeyer (y otro poquito de Louis Kahn, Souto de Moura, Siza, Patxi Mangado, o Vázquez Consuegra).

Por supuesto, escribir un artículo sobre Niemeyer es algo tremendamente complejo. Aún ahora, mientras lo escribo, no tengo nada claro cómo va a acabar ésto… Lo cierto es que la obra de Niemeyer es inmensa, y casi la absoluta totalidad de su obra es interesante y aporta nuevas cuestiones al mundo de la Arquitectura. Es tremendamente complicado elegir un edificio y no otro, y cualquier selección que haga será incompleta… Para ir empezando y perder el miedo al papel blanco, empezaremos conociendo a la persona, a Oscar Niemeyer.

Oscar Niemeyer fue un arquitecto brasileño, nacido el 15 de Diciembre del año 1907. Hijo de un matrimonio con escasos recursos económicos, se casó con 21 años tras acabar la educación secundaria. En 1934 acaba su carrera universitaria, tras trabajar unos años para poder pagarse los estudios. Su formación como arquitecto se produce, por lo tanto, en plena ebullición del movimiento moderno en Europa, en plena investigación acerca de los límites físicos y plásticos de los nuevos materiales. El hormigón armado marcará profundamente a Niemeyer, siendo el absoluto protagonista de toda su obra, junto con la línea curva.

Oscar Niemeyer, 1907-2012

Oscar Niemeyer, 1907-2012

La importancia del dibujo en la figura de Niemeyer es inmensa: Niemeyer era incapaz de hablar sin un lápiz en la mano, con cuatro trazos era capaz de explicar proyectos que otros no explicaríamos con cientos de planos… La genialidad del arquitecto estaba en su maestría dibujando, en su capacidad de transmitir. Y en sus dibujos estaba siempre presente el trazo curvo. Quizás es el carácter brasileño, su cultura, o quizás sea una decisión personal del arquitecto. Lo cierto es que Niemeyer es incapaz de concebir un edificio sin curvas. En multitud de ocasiones explicó que su gusto por las curvas es una necesidad impuesta por su entorno, su carácter, la mujer. Pero quien mejor lo explica es el propio arquitecto:

No es el ángulo oblicuo que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por el hombre. Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida. De curvas es hecho todo el universo, el universo curvo de Einstein.

Niemeyer era comunista, un comunista convencido, idealista, y con unas ideas que le provocaron muchos problemas (entre ellos, el exilio a Europa). Era sólo un niño cuando se produjo al Revolución Rusa, que dejó un poso semioculto en su mente. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Niemeyer decidió unirse al Partido Comunista. Desde 1945 a su muerte, Niemeyer militó siempre en las filas del Partido, reafirmándose en sus ideas sin tapujos. Conoció a algunos de los grandes pensadores del socialismo soviético y latinoamericano, manteniendo incluso amistad con Fidel Castro. De hecho, Fidel, en una ocasión, tras preguntársele acerca de Niemeyer, contestó que “Niemeyer y yo somos los últimos comunistas en el mundo”. Su afiliación política marcó su vida, ya que en el año 1966, tras un año de presiones por parte de la Dictadura brasileña, se vio obligado a trasladarse a París. Y este exilio, lejos de ser contraproducente, fue tremendamente enriquecedor para el arquitecto. A este respecto Niemeyer escribió lo siguiente:

Los que pretendían inmovilizarme me dieron, sin querer, la mayor oportunidad de mi vida: llevar al viejo mundo mi oficio de arquitecto, hacerlo comprensible con sus formas más ligeras e inesperadas

Fidel Castro y Oscar Niemeyer

Fidel Castro y Oscar Niemeyer

Como decía al principio, Niemeyer es el autor de infinidad de edificios de una belleza aplastante. Su obra más conocida es también la más compleja y difícil de narrar: el planeamiento de la ciudad de Brasilia. Debido a su complejidad e importancia, no me parece conveniente hacer un análisis superfluo e incompleto. Brasilia merece un artículo completo, y, a buen seguro, lo tendrá. Por ahora nos llega con saber que Brasilia es la capital de Brasil, una ciudad proyectada desde cero, una ciudad pensada para acoger a 250000 habitantes que se construyó en dos años, una ciudad funcional, moderna, que revolucionó el mundo del urbanismo y que, aún a día de hoy, está en continuo debate. Además de Brasilia, Niemeyer proyectó grandes y pequeños equipamientos, viviendas, museos, residencias… En este artículo veremos tres ejemplos muy diferentes, tanto en tipología, como en circunstancias: la Casa das Canoas (proyectada para ser su propia residencia), la Casa de la Cultura, en Le Havre, Francia, y el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói.

Casa das Canoas

La Casa das Canoas es uno de sus proyectos más reconocidos. Construida en las montañas que enmarcan Río de Janeiro,  la vivienda fue proyectada para ser su propia residencia. Los estudiantes de Arquitectura de los primeros años tratan de huir siempre de terrenos con pendiente. Yo mismo me quejaba y protestaba por la dificultad que entrañaba, hasta que conocí esta vivienda. La solución que da Niemeyer a la pendiente es, sencillamente, sublime. Aprovechando el desnivel, Niemeyer construye un pabellón de cristal, similar a la Casa Farnsworth de Mies Van der Rohe, pero sustituyendo las líneas rectas por curvas. Bajo ese pabellón se ubica el programa más estricto de vivienda, quedando protegido de las altas temperaturas en verano por el local superior.

La Roca penetra en la vivienda, formando un todo único

La Roca penetra en la vivienda, formando un todo único

En la parcela en que se ubica la vivienda había una gran roca. En lugar de ignorar su presencia y destruirla, Niemeyer decide incluir esa roca en su proyecto. Esta decisión es crucial, puesto que la roca une el interior y el exterior, aporta una materialidad al cerramiento exterior que no tenía (al ser casi enteramente vidriado). Además, esa piedra servirá como pared de la piscina, de las escaleras, y como parte del cerramiento. Se cuenta que en una visita que realizó Walter Gropius (uno de los grandes maestros de la modernidad, el máximo exponente del racionalismo germánico) a la vivienda, éste le dijo a Niemeyer que la vivienda era muy bonita, pero que “no era reproducible” (hay que ser conscientes de que uno de los grandes valores para la Modernidad era la estandarización y posibilidad de repetición de las piezas). Reflexionando en sus memorias acerca de este episodio, Niemeyer escribió que “Gropius no entendió nada”. Realmente su vivienda no pretendía ser reproducible. Es más, su auténtico valor era su unicidad, esa característica intangible que hacía de esa vivienda algo especial. Porque para Niemeyer no puede haber dos edificios iguales, cada cliente, cada parcela, cada época, exige una solución diferente.

Casa de la Cultura, le Havre

Casa de la Cultura, le Havre

Pasemos ahora a la Casa de la Cultura de Le Havre. Es, quizás, un proyecto poco conocido dentro de la obra de Niemeyer, aunque, sin duda, propone una arquitectura muy especial. Para empezar, cabe destacar que, a pesar de que parezca lo contrario, la parcela donde se ubica es cuadrada. Y a pesar de esa geometría tan marcada, Niemeyer decide generar una serie de volúmenes que permiten crear recorridos y lugares de encuentro entre los mismos. Las rampas, como en toda su arquitectura, están resueltas con gran brillantez, adquiriendo una belleza y una plasticidad que pocas veces se ha logrado en la historia de la arquitectura. Además, en relación con la superficie de la parcela, el volumen ocupado es ínfimo. En ocasiones hacer arquitectura no es construir volúmenes, arquitectura también es ganar espacio público para los viandantes.

Casa de la Cultura de Le Havre, Detalle de la Rampa

Casa de la Cultura de Le Havre, Detalle de la Rampa

En cuanto al programa del edificio, en origen se pretendía construir un teatro innovador, con un escenario móvil, con capacidad para albergar a un número variable de personas, y con la intención de ser un referente en la nueva tipología de teatro que se estaba gestando. Vemos además como mediante la creación de varios volúmenes separados, se consigue una separación funcional que se repetirá en toda la obra pública de Niemeyer. De hecho, el Centro Niemeyer, en Avilés, sigue esta misma lógica. Los dos volúmenes principales albergan el teatro y los talleres. Para unir ambos volúmenes Niemeyer crea una plaza cubierta, que está bajo la plaza real. De esta forma Niemeyer protege al viandante de las inclemencias meteorológicas, crea un espacio utilizable para realizar exposiciones, o para ser, simplemente, lugar de encuentro. Niemeyer siempre consideró que este proyecto era el que tenía un mayor carácter social.

MAC Niterói

Museo de Arte Contemporáneo, Niterói

Para acabar con este artículo, vamos a ver el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói. Y, como se puede ver, hablar del MAC de Niterói es hablar de rampas, de curvas, de paisaje, de hormigón, de formas… Una volumetría muy simple logra generar unos espacios interiores muy ricos e interesantes. Niemeyer juega con la escala del edificio, con esas ideas preconcebidas que todos tenemos, y el resultado es que percibimos el edificio como mucho más pequeño de lo que realmente es. El entorno privilegiado influye positivamente en el edificio, que se diferencia, pero no compite, y permite, además, una percepción casi inmaculada del paisaje.

Interior del MAC Niterói

Interior del MAC Niterói

Interiormente el edificio se resuelve siguiendo la misma idea del Museo Guggenheim de Nueva York, de Frank Lloyd Wright. Así, para ver las colecciones expuestas en el MAC, el recorrido que hacemos es entrar por la planta superior, para posteriormente descender planta por planta. El paisaje es una pieza más dentro del museo, y recibe todo el protagonismo que merece. Así, el perímetro exterior está acristalado, favoreciendo una permeabilidad visual muy interesante con el exterior. Para que la luz natural no distorsione la contemplación del arte expuesto en el Museo (algo fundamental al realizar museos es tener en cuenta las condiciones lumínicas e higrotérmicas de cada sala), Niemeyer separa este espacio de la sala propiamente dicha, pero de forma que este espacio sea un distribuidor por el que necesariamente hay que pasar.

El arquitecto de las curvas, el arquitecto del hormigón, de lo plástico, de la arquitectura social, de la regeneración de espacios… Niemeyer es el gran referente de la arquitectura latinoamericana y el último arquitecto de la modernidad. En futuras entregas veremos Brasilia, su obra magna, con algunas de las mejores arquitecturas que se han construido en Brasil y en el mundo. Por supuesto, y como hice en su momento con Louis Kahn, invito al lector a investigar y profundizar un poco más en la obra de este gran arquitecto, yo estaré encantado de guiarle, y estoy convencido de que el esfuerzo merecerá la pena.