Forjarán mi destino las piedras del camino

Un beso y una flor (Nino Bravo)

(Fonogram / Primavera de 1972)

Nino Bravo - Un Beso Y Una Flor [lyricsvideoclips.blogspot.com]

Dice la leyenda que cuando el incomparable Frank Sinatra escuchó por primera vez la voz de Lluis Manuel Ferris dijo, un poco consternado, algo así como: “Menos mal que este tal Nino canta únicamente en español, o ya me habría dejado sin trabajo”. Sea o no sea cierto el cuento, es innegable que el valenciano fue una de las mejores voces paridas dentro de nuestras fronteras y que, de no haber sido por su trágico accidente de automóvil, que le llevó a la muerte en pocas horas, habría alcanzado un status que sólo merecen las verdaderas leyendas.

Nino Bravo nos brindó 5 álbumes esenciales en tan solo 3 años de fulgurante carrera, todos ellos repletos de temas ya clásicos, que derivaron inevitablemente en una miríada de recopilatorios, remixes y remasterizaciones a título póstumo. Se sirvió casi siempre de composiciones de otros (si exceptuamos “Vivir”, cuya letra le pertenece exclusivamente, y que, irónicamente, grabó poco antes de su fatal siniestro). Un beso y una flor fue su tercer álbum, tras sus inicios, vapuleado por la crítica, con Te quiero, te quiero, y su despegue a la fama en 1971 con su disco homónimo. Sin ser el mejor de su discografía, este álbum contiene tres de las canciones más representativas, para las generaciones actuales, de lo que fue en su época el cantante. El tema que da título al disco es una balada sobre el abandono de un ser querido, cuando las circunstancias no dejan otra opción. Noelia, un clásico ya atemporal del pop patrio, nos muestra, en un agridulce desamor, cómo las cuerdas vocales de Nino podían dejar en ridículo a la mayor parte de los vocalistas de la década y Cartas Amarillas, compuesta por el genial Juan Carlos Calderón, fallecido recientemente, y tristemente conocida por esa aberración llamada “dueto virtual” que incluyó a Sergio Dalma; convierte nuestra admiración en veneración, tan llena de desesperanza como de nuevas posibilidades. El plástico también incluía versiones de éxitos internacionales, como La niña ya es mujer, de This girl is a woman now, de Gary Puckett & the Union Gap o Por fin mi amor, que da un nuevo giro al All right my love de los New Seekers.

Pero mucho más importante que los temas es aquí la voz. Y qué jodida voz. Pudiendo encuadrarlo dentro de los tenores dramáticos, Nino hacía gala de una potencia inigualable, tanto en graves como en agudos, pero sin dejar nunca de ser claro, cálido y brillante. Podía bramar a la desesperanza, a volumen operístico, o susurrarte tiernamente como un quinceañero enamorado por primera vez. Inundado de sentimiento, su talento y expresividad jamás restaban técnica o afinación. Un cantante sincero, único, accesible y complejo a la vez. En definitiva, un auténtico y verdadero monstruo.

No soy completamente objetivo, pues nunca podré serlo. No con él. Lo sé, porque cuando le escucho cantar creo, y quiero creer, que lo hace para mí (ahorraos las bromas homosexuales, no vienen al caso). Es un pensamiento estúpido, obviamente, pero pone de manifiesto la facilidad con la que esa voz, esas ondas elásticas que vibran en el espacio, puede ponerse en comunión contigo y tocarte la fibra sensible. Muchas personas tienen a Freddie Mercury como su cantante favorito de todos los tiempos. Otros tal vez a Aretha Franklin, a Frank Sinatra o a Robert Plant, todos merecidamente. Pues yo me quedo con Nino.

Puntuación: [95/100]