Fernando Rascado: “Claro que hay vida después del taekwondo, y durante también”

Es jueves festivo en Vigo, y se nota. Quedo con Fernando Rascado (Vigo, 1988) a las puertas de un cerrado centro comercial Camelias para charlar un poco. Puntual, cruza la calle y se acerca; viene de jugar una pachanga en su gimnasio de toda la vida con sus amigos de toda la vida, el TAO. Cercano, no duda en ofrecer su casa para la entrevista. Se le ve contento y relajado, y no es para menos: está de vacaciones tras un final de temporada estelar. Copa del Rey, tercero en la Copa del Mundo por equipos y, hace pocos días, Campeón de España por equipos. Y todavía le cuesta decir que es el hombre de moda del taekwondo gallego. Y no, no es solamente eso. Es otro tipo de deportista de élite: el que no es solo deportista de élite.

 

¿Eres el hombre de moda del taekwondo gallego?

(Ríe) En Galicia llevamos un par de años con gente muy buena. Casi campeones de España, el año anterior segundos… Pero bueno, sí, ahora mismo, después de haber ido a la Copa del Mundo, se puede decir que ahora mismo soy el que más resultados estoy recogiendo. Pero esto es así, un día estás arriba y al día siguiente ya estás abajo.

Llevas un par de meses espectaculares (Copa del Rey, Bronce en la Copa del Mundo por equipos, Campeón de España por equipos), ¿es tu mejor momento?

A nivel resultados yo creo que es el mejor momento, porque hice Copa del Rey y tercero en la Copa del Mundo; eso es mi mejor resultado hasta ahora. Pero hace un par de años, en 2009, fui Campeón de España y fue cuando fui al Mundial Universitario, esa fue mi otra buena racha. Llevaba dos añitos bastante flojos y ahora parece que va un poco mejor.

Vamos tiempo atrás, casi una vida. ¿Cómo empiezas en el taekwondo?

Pues mira, yo había probado deportes en el colegio, como mucha gente. Había probado ajedrez, fútbol… y siempre lo dejaba a mitad de curso. Y un día, además lo recuerdo bien, estaba en la cocina y pregunté: “eso del taekwondo, ¿qué es?, y me dijeron: “nah, eso es de peleas y tal, como Son Goku”. Entonces dije, “bueno, pues apúntame ahí en las actividades, a ver qué tal”. Y nada, empecé ahí con Miguel Meilán y con Gloria Fernández; y al final ya es una evolución. Empiezas en el colegio, luego vas para el gimnasio, luego para el centro (Centro Galego de Tecnificación Deportiva) y hasta ahora.

Se produce en ti una transformación física, un estirón ¿También hay una transformación mental?

Yo de pequeño era muy delgado, luego engordé mucho, y cuando empecé en combate tuve que bajar un poco para ajustarme a un peso en el que pudiese ser competitivo. Me pongo un poco más delgado, me empiezo a estilizar y ahí es cuando empiezo a tomármelo más en serio. La exhibición me gustaba mucho y los poomsaes (técnica) también, pero cuando empiezo en combate es cuando realmente me doy cuenta de que puedo ser lo que soy hoy en día. El taekwondo es una parte muy importante de mi vida. Existe otro punto de inflexión cuando me voy al CGTD, que ahí sí que… eso es otra historia. Es pasarse de un hobby a estar entrenando dos veces al día, no obligado, pero es casi un trabajo.

Donde más años pasas en el Gimnasio TAO. El caso del TAO es muy curioso, es uno de los gimnasios más pequeños de Galicia, con menos medios, y sin embargo es una máquina de hacer campeones casi desde que nació. ¿A qué crees que se debe?

La verdad es que no lo sé. Lo que sí es cierto es que no solo es un gimnasio. Influye también el sistema de valores, educación, etc. Yo creo que de ahí sale gente bastante equilibrada, personas normales, no solo competidores. Gente que estudia, gente que trabaja… al final todos mis amigos o estudian su carrera o tienen su trabajo, es gente muy equilibrada, muy normal. Y al final las cosas van saliendo.

Amigos, sobre todo. Cuando te fuiste a Aruba (Copa del Mundo por equipos), vaya seguimiento en las redes sociales ¿no?

Amigos, sí. La verdad es que el TAO no es el sitio donde yo entreno ahora habitualmente pero, sin embargo, estoy casi todos los días. Tengo amigos de hace casi 20 años.

Ahora el TAO no está sacando mucha gente en combate. ¿Qué crees que está pasando?¿Falta un relevo generacional o a los chavales ya no les engancha tanto el combate?

Creo que hay un poco de todo. A las nuevas generaciones le cuesta más llevar golpes (ríe); es verdad, los niños ahora están un poco acomodados y no les gusta llevar golpes. Y el taekwondo, o te gusta mucho o al final lo acabas dejando. Y además hubo un cambio, lo dejó mucha gente por motivos de trabajo, de estudios… la vida, vamos; yo me fui al CGTD… y claro, hubo un pequeño corte. Y al final, si no tienes referentes, si no tienes gente en la que reflejarte, es difícil. Ahora parece que poco a poco ahí un grupete que parece que quiere salir.

El primer punto de inflexión, el CGTD, ¿fue duro irse?

Fue muy duro, es jorobado. Yo soy muy casero y, claro, tienes que adaptarte a unos horarios, vivir con una persona que no conoces, estar en una ciudad nueva… y eso que nosotros venimos los fines de semana. No me imagino irme a Barcelona o Madrid.

Las comidas de mamá…

Las comidas de mamá. Buf, con la comida lo pasé mal, la verdad. Es duro, y eso que siempre nos trataron bien. Me acuerdo el día que decidí realmente irme, porque habían llamado a más gente y había gente que no quería ir y tal, y llamé a Miguel Meilán (su entrenador en el TAO) y le dije: “Oye Miguel, que bueno, que sí, que voy”, y él me dice: “Ya bueno pero, ¿qué bachillerato vas a estudiar?”. Y toda la tarde ahí reflexionando por el bachillerato (ríe).

Peleas en menos de 80 kilos. Yo te veo más delgado que nunca, pero en tu peso hay algunos tíos que son verdaderos armarios ¿eso para ti es un handicap?

Con los petos electrónicos, ya hay un par de estudios por ahí rondando, los biotipos cambiaron un poco. Le va mejor a la gente más alta, porque con el trabajo de miro chagui (patada que sirve para empujar con toda la planta del pie) es muy difícil entrarles. En cuanto inicias la acción ya te puntúan. Y sobre todo el trabajo arriba (en la cabeza), que es muy importante ahora, vale tres puntos.

Sería el paradigma de Joel González, ese tipo de competidor es el que se lleva ahora.

Eso es, ahora salen un montón de competidores así; todos los jovencitos son muy altos. Yo antes era un tío normal tirando a alto, y ahora en la Copa del Mundo me sacaban todos un buen trozo.

Esto, por ejemplo, ¿cómo resuelves a la hora del combate?

Al final depende todo de cuestiones tácticas. Si es más alto, algún punto flaco va a tener: si saca más largo, tendrás que meterte en distancia corta; si hace trabajo de miro, pues a través de los giros o saliendo hacia los lados. Al final son problemas tácticos que hay que solucionar. A mí es lo que más me gusta.

El primer recuerdo sobre el tapiz.

Mi primer recuerdo del taekwondo es de estar en el gimnasio con calcetines. Mi madre me había dicho que no me los quitase porque podía coger hongos, y yo entrenaba con calcetines. Todo el mundo me miraba un poco raro (ríe). Del combate tengo varios, entrenar en el TAO con la gente y estar muy por debajo al principio y llevarlas bien (ríe), luego ir ganando a algunos, a otros… poco a poco.

¿Qué te da el combate que no te dan otras modalidades del taekwondo?

Yo creo que es el componente táctico. Los golpes, al final, los veo como algo casi secundario. Hay gente que tiene un combate muy físico, que le gusta pegar duro y esa adrenalina. A mí me gusta buscar la situación, presionar, buscar el momento, y engañar al otro.

¿Amarras?

Cada vez menos (ríe). Ya no es solo amarrar, es hacer un cambio de guardia para que el otro salga y pillarlo por el otro lado, por ejemplo. Lo que me gusta es el juego táctico, las hostias son secundarias.

¿Es violento el taekwondo?

A ver, es un combate al fin y al cabo, tienes a un tío delante y tienes que… no es hacerle daño, pero tienes que pegarle. Hombre, tiene un grado de violencia, pero es una violencia, dentro de lo que cabe, bastante controlada: hay unas reglas, tienes unas protecciones. A ver, ¿es violento? sí, pero no es una violencia gratuita. Es una violencia justificada dentro del deporte.

Ahora, a nivel de club, cuando sales de Galicia sobre todo, compites con el Natural Sport ¿por qué?

El TAO ahora no tiene un equipo de competición. El Natural es un equipo fuerte, con patrocinadores fuertes, y se mueve a nivel nacional e internacional, yendo a varios campeonatos anualmente. Me preguntaron si me interesaba, hablaron los entrenadores y no hubo problemas. Yo les echo una mano en los campeonatos de clubes y tal, y a mí me beneficia porque voy a competir a varios campeonatos anualmente.

Es talonario al final, el que tiene la pasta…

Sí, bueno, talonario no, que nosotros somos pobres (ríe). Pero es eso, ir a unos campeonatos que de otra manera te lo tendrías que pagar tú o no podrías.

Hay muchos campeonatos ahora, ¿no?

Muchísimos. Antes anualmente había dos campeonatos, y ahora hay Open de Pontevedra, de Badajoz, de nosequé… hay muchos, y el tema de los clubes pues parece que está repuntando. Por ejemplo, en Turquía se lleva mucho, en el campeonato nacional tú vas por tu club. En cierta medida está bien, porque puede ir más gente, porque si no, como cada territorial solo puede llevar uno o dos. De esta manera pueden ir muchos más.

Campeón de España absoluto, sub-21 y universitario, Oro en la Copa del Mundo Panamericano, Bronce en el Campeonato del Mundo universitario, Oro en la Copa del Rey, Bronce en la Copa del Mundo por equipos y Campeón de España por clubes la semana pasada. ¿Es hora de mirar ya a lo más alto?

El objetivo siempre es la Olimpiada. Si yo no creyera que algún día pudiera llegar ahí, no entrenaría lo que entreno. Es muy difícil, es, si me apuras, medio idílico. Sí, pero yo en mi cabeza lo tengo ahí, siempre. Ahora, desde un tiempo para aquí, desde un poco antes de verano, y eso que antes de verano estuve a punto de dejarlo, voy paso a paso.

¿A punto de dejarlo un poco antes de este verano?

Sí, porque llevaba dos años mal, no me encontraba, estaba entrenando casi por obligación… Además tuvimos un cambio de entrenador, se fue Jesús Benito del CGTD y volvió este año. No acababa de encontrar las sensaciones. Después del nacional absoluto decidí no hacer más campeonatos, perdí el primer combate y decidí parar hasta esta temporada. Al final me medio convencieron para hacer el Campeonato de España universitario, porque además me pagaban la matrícula si sacaba medalla, y bueno, por pegar cuatro o cinco patadas no me iba a morir (ríe). Lo preparé físicamente con mi padre en tres semanas, me encontré bien y lo gané. La verdad es que fue una sorpresa. Y este verano fui con calma, no sabía lo que iba a hacer en la temporada, pero decidí prepararme físicamente muy bien y después decidir si iba a los campeonatos o no. Y lo cierto es que me encontré muy bien físicamente, fui a la Copa de Galicia y me salió bastante bien, fui al Ciudad de Ribeira y me salió bastante bien, luego me llevaron a la Copa del Rey y gané. Y al final es mi mejor temporada. Siempre está la Olimpiada, pero tenemos mi padre y yo, que él es mi preparador físico ahora, un medio mantra que es: “poco a poco, amigo”. Como Manolito Adebayor, ¿sabes? cuando le preguntaban y decía, “poco a poco, amigo”. Ése es el lema.

Quizá sea eso, el ir poco a poco. Cuando no te ciegas con un objetivo y vas día a día, sin esperar grandes cosas.

Poco a poco. Cada día ir a entrenar y hacer un poquito. Si estás ese día un poco mejor, aprovechar ese momento y hacerlo mejor; y los días que estás fastidiado, aguantar el tipo. Sin mucho estrés y tranquilamente, y la verdad es que me está yendo mejor. Este año empecé entrenando menos pero con más calidad, los entrenos que hago los hago a tope. Y ahora estoy entrenando casi más que nunca.

Hablas de algo muy idílico, pero este año España tuvo un representante olímpico en tu peso (Nicolás García) que no lo hizo nada mal. ¿Habías coincidido con él? ¿Cómo lo viste?

Él tiene un estilo muy suyo, muy del tipo de lo que se lleva ahora, un poco en la línea de lo que hablábamos antes de los petos electrónicos. Trabaja con el miro chagui, muy protegido, y también muy bien arriba. Yo llevo desde junior peleando con él y con el hermano, que son gemelos. A él no le he ganado nunca, le gané al hermano una vez o dos. Pero bueno, ya hemos tenido tres o cuatro muertes súbitas, una decisión arbitral, me eliminaron por kyongos (similares a faltas que se van acumulando y restan puntos)… bueno, me he pegado muchas veces con él.

No está la cosa tan lejos, entonces.

Hombre, yo llevo dos años muy mal, y sin pegarme con él casi. Pero bueno, la última vez que coincidí con él, que fue en el nacional universitario de hace dos años, quedamos 3-1, me metió un punto al final. Es un competidor muy bueno, ¿que no está tan lejos? Hombre, cuando le gane, si le gano, te diré: “pues no, no estaba tan lejos”. Por ahora…

¿Qué opinas de los cambios más recientes en el combate: los petos electrónicos o los cambios en la forma de puntuar, por ejemplo?

El tema de los petos electrónicos fue por dos cosas. La primera es que el taekwondo estaba pendiente de un hilo en las Olimpiadas, y hacía falta espectacularidad. La segunda es la objetividad, había siempre mucho conflicto cuando puntuaban los árbitros. Para mí es un avance enorme. Cuanto menos subjetiva sea la puntuación, muchísimo mejor. Ahora queda el tema de la cabeza, que por ahora no está solucionado pero ya hay algún proyecto de casco electrónico. Yo la verdad es que estoy muy contento. Ya hubo varios sistemas, ya tuvimos que cambiar toda la forma de pelear y volver a cambiarla, pero mientras todos tengamos las mismas reglas mucho mejor.

 

Cuando estás dolorido por los golpes, machacado por la dieta… ¿qué anima a seguir?

No lo sé… yo me siento yo mismo en el tapiz. Cuando me encuentro bien son sensaciones que solo experimentas ahí dentro: esa adrenalina… Y lo que hablábamos antes, el juego táctico. Eso me gusta mucho.

¿Ves muchos vídeos de combates o de rivales?

Tampoco tanto. A ver, veo vídeos pero no muchos. En el entreno, ahí es donde me fijo en el tema táctico.

Lo de Joel González, ya no solo en las Olimpiadas, es espectacular ¿Ese chico no tiene techo?

Yo no sé si alguien ha hecho todo el ciclo perfecto. El ciclo son los cuatro años entre unos Juegos. Ha conseguido los dos europeos, los dos mundiales y la Olimpiada. No se le puede pedir más. Estuvo no sé si dos o tres años sin perder un combate… es un tío listo, que sabe que es bueno pero que además no se lo cree, y tiene las condiciones físicas perfectas para el tipo de deporte que estamos haciendo ahora.

Tu mejor y tu peor momento.

El mejor, cuando gané el Nacional. Ese estuvo muy guapo. El peor, yo creo que estos dos años que estuve que no y que no. Entras en una espiral en la que no sabes realmente qué es lo que está pasando, ya no tienes ganas de ir a entrenar, pero tienes que entrenar, porque si no no te vas a pegar a un buen nivel. A ver, esto no es como jugar una pachanga, tú en una pachanga puedes ir y echar el bofe, te vas al banquillo y punto. Pero en el combate te juegas el cuajo. No salen las cosas, y entrenas pero los resultados no salen… es duro.

Del taekwondo no se puede vivir, supongo que ya lo sabrás.

Si eres Joel, sí (ríe).

Aún así, ¿qué te reporta ser Deportista Galego de Alto Nivel?

Tenemos una beca anual, que a ver si salen de una vez, porque llevan como seis meses de retraso. También en las carreras, hay un porcentaje reservado para deportistas galegos de alto nivel. Y luego, a partir de cuando conseguí el bronce en el Mundial universitario, me concedieron el grado de Deportista de Alto Nivel pero ya a escala nacional. Eso reporta también unas becas, las COE, para estudiar, que te pagan los estudios. Y ahora, me enteré hace poco de que hay una oficina de atención al deportista que te proporcionan varios servicios, como un gabinete psicológico. También hay una cosa que es muy interesante: un tutor que te ayuda a buscar trabajo, te informa sobre cursos, te ayuda a formarte fuera del deporte… La verdad es que se portan muy bien.

Hay vida después del taekwondo, entonces.

Sí, hombre, sí, hay vida. Aunque algunos no lo quieran ver (ríe). Claro que hay vida después del taekwondo, y durante también.

Un referente.

En el TAO había gente muy buena, muy buena. Y luego yo soy un poco “delicatessen”, a mí me gusta la gente así… Me gusta Guti, por ejemplo. Soy de ese tipo de gente (ríe). Guti, Özil, Zidane… gente con clase. A nivel taekwondo, Samuel Meilán me gustaba mucho cuando competía, Álex Batán era muy bueno, había también un tío que se llamaba Dani Martínez que lo hacía muy bien… que luego ganan más o menos, pero era eso. Luego a nivel mundial, Steven López, por todo lo que representa, lo que ganó, etc. También Joel, pero eso ya es más a nivel resultados. Hay un tío, un iraní, en 68 kilos, Motamad Bagheri, que es un francotirador; se coloca, muy táctico, y hace su trabajo muy muy bien.

Como madridista, ¿sentarías a Mourinho en la silla de tu entrenador?

A mí, toda mi vida, me fue mejor con entrenadores de tipo dialogante. Pero, contra todo pronóstico, a la hora de entrenar físicamente, con quién mejor me va y eso que tengo un montón de entrenadores que seguro que saben muchísimo más que él, es con mi padre. Pero con el que mejor me va es con él, y eso que me mete bastante caña la verdad. Me dice: “haz eso, y ya está”. Y muchas veces, estoy complemente seguro de que me está mandando hacer una burrada, pero sorprendentemente lo hago y es cuando mejor estoy físicamente.

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, empezando la segunda carrera… Te vas a cargar el estereotipo de deportista de alto nivel. 

Mira, está relacionado con lo que hablábamos antes del peor momento que tuve. Una de las cosas malas del taekwondo es que me gusta mucho y todo el tiempo que le dedico lo disfruto, pero hay que dedicarle muchísimo tiempo. Y yo soy una persona a la que le gusta hacer muchas cosas. Por ejemplo, me hubiese gustado hacer la carrera como un universitario más y haberle dedicado mucho más tiempo a trabajos que sé que podría haber hecho mejor y no hice. Sí, no soy el estereotipo, la verdad. La gente que más o menos conozco se dedica a Psicología, INEF, Tafad… yo salí “rana” (ríe).

¿Te hubiese gustado ser también un número uno en los estudios?

A mí me hubiese gustado… bueno, me hubiese gustado no, aún tengo tiempo. Cuando deje el taekwondo espero poder dedicarme mucho más a la publicidad. También a la psicología, que acabo de empezar y me está gustando mucho. La verdad es que me hubiese gustado, de hecho, yo era de buenas notas, pero entré en el CGTD y me eché a perder (ríe). Pero bueno, tuve un par asignaturas que me gustaron y las saqué muy bien. Eso también fue una de las cosas por las que me planteé dejarlo. Me gusta mi trabajo, y me gustaría también ir subiendo en ese ámbito.

Como publicista, en pocas palabras, véndeme el taekwondo.

Es un deporte. Bajo mi punto de vista, lo que hay que vender del taekwondo es el deporte. El arte marcial tiene que dar un matiz que sí que tiene su tirón: la marcialidad, el cinturón… todo eso vende. Pero es un deporte, y yo creo que hay que profesionalizarlo. Hay que tender a la profesionalización, al espectáculo, a formatos como el TK5 y con menos combates. Y creo que hay que educar a la gente en el taekwondo, porque es un deporte que, si no lo entiendes, puede llegar a resultar aburrido.

Un sueño profesional, ¿a qué te gustaría dedicarte?

Me gustaría trabajar como creativo en una empresa, en una buena agencia. Me gustaría también intentar conjugar la psicología y la publicidad, que tienen mucho que ver. También en asesoría política… y también me tira mucho la psicología deportiva. Como tengo todavía un par de añitos de vida deportiva por delante, me lo voy planteando poco a poco. Y el community manager también me gusta mucho.

¿Qué requiere más constancia, ser deportista de alto nivel o estudiar por la UNED?

Estudiar por la UNED, seguro. El trabajo físico vas y lo haces y punto, pero sentarte cansado es imposible. Estudiar por la UNED sin duda alguna.

Risto Mejide.

Risto Mejide es un tipo que, en cierta medida, nos hizo un favor a los publicistas. Dio a conocer el mundo de la publicidad un poco por dentro, que no es que se siente tu primo y te haga un dibujito y ya sea el logotipo de la empresa. Es un tipo que le sacó rentabilidad a ser un cabroncete. Es el modelo de jurado, no ha inventado nada tampoco. Desde luego, está claro que es un tío listo. Se lo supo montar bien. Yo no congeniaría con él, seguro. Pero bueno, lo sigo en Twitter y la verdad es que a distancia me cae bien. Cada persona en las distancias cortas cambia.

Esta crisis no es solo económica, abarca muchos más niveles. Creo que hay también una crisis de comunicación, a la gente le cuesta creer en algo. Como publicista, tu trabajo consiste en que la gente crea en cosas, ¿qué opinas?

La clase política lo está haciendo muy mal. Su trabajo ya no entro a valorarlo porque yo no sé de política, ni sé de economía, ni sé cuál es la solución. Pero lo están haciendo mal, y además no saben vender lo que están haciendo. O sea, es como “vale, tú hazlo mal”, pero es que estar cayendo una y otra vez en los mismos errores. La gente ya no te cree. Es lo que dices, es una crisis de comunicación. Hay que hacer algo, tienen que buscar alguna fórmula para que la gente se lo vuelva a creer. Al final ellos son administradores, lo que tiene que hacer es coger nuestra pasta y distribuirla de la mejor manera posible. Pero no lo están haciendo bien, están haciéndolo de la mejor manera para ellos. Además, es una crisis de valores tremenda, no puede ser que los chavales le griten a los padres, a los profesores… no puede ser, hay un problema de base. Y eso hay que solucionarlo a partir de la educación. Pero si te están cabreando todo el día al final tienes que salir a la calle y protestar y montar un cristo.

La mejor campaña publicitaria que hayas visto.

La campaña típica es la de Apple del “Gran Hermano” con el martillo y tal, esa está bien. Pero a mí me gusta mucho algo que se está haciendo ahora, la publicidad de guerrilla, con acciones en la calle y así. Coca-Cola tiene acciones de ese tipo muy buenas, que generan sentimientos a la gente, no es solo a nivel televisión.

Dices que te gusta cualquier cosa que pueda enseñarte algo que no sepas. ¿Qué te gustaría aprender?

Me gustaría aprender a ser feliz, completamente y todo el rato. Eso sería la hostia (ríe). Hay un mago, René Lavand, que dice: “No hay felicidad, hay felicidades”. Me gustaría aprender a tener más felicidades, más momentos de felicidad. Además, cosas de publicidad, cosas de psicología, más de taekwondo…

¿Dónde ves tu límite en el Taekwondo?

Yo espero hacer taekwondo toda la vida, pero en el combate físicamente llega un momento que no puedes más. La familia está por delante, los amigos están por delante, pero poquitas cosas más. Mira, este fin de semana tenía la tibia que creí que estaba rota, pero me dijeron: “venga, joe, pégate otros dos combates”; y me pegué, porque me gusta mucho y al final acabas tirando para adelante.

¿Y en la vida?

Como dice Josef Ajram: “no sé dónde está el límite, pero sí sé donde no está”. La verdad es que no me pongo límites, en nada. Soy un tío que creo que siempre puedo hacerlo. Mi novia dice que a veces me creo invulnerable, que creo que puedo hacer cualquier cosa. Y es verdad, luego la haré o no la haré, pero intentar lo intento siempre.

Texto y fotos: A. Salse Batán