El hobbit: Un viaje lamentable

El HobbitAunque a cualquiera le podría parecer que una película de casi tres horas basada en un libro de menos de cuatrocientas páginas –al menos en la edición que yo dispongo- sería más que suficiente, no comparte esta opinión el Rey Midas de la Tierra Media. Así pues, Peter Jackson nos ofrece una nueva trilogía  basada en la obra de J. R. R. Tolkien, en esta ocasión El hobbit.

La primera entrega, que el fin de semana de su estreno recaudó solo en España casi seis millones de euros, se remonta a la juventud de Bilbo Bolsón, al que da vida Martin Freeman. El hobbit: Un viaje inesperado cuenta como el pequeño habitante de La Comarca parte en compañía de Gandalf el Gris y trece enanos para recuperar el reino de Erebor, arrebatado tiempo atrás por un dragón. La película está calificada en España como no recomendada para menores de siete años y debería estar prohibida, por nuestra salud mental, para mayores de ocho. El hobbit no es otra cosa que una película infantil. Una película infantil bastante soporífera, por otra parte.

El director de los geniales clásicos del cine gore Bad Taste y Braind Dead: Tu madre se ha comido a mi perro ha querido con esta cinta revolucionar el mundo del cine y hacer más realista el 3D grabando con más de cuarenta cámaras diferentes y a 48 frames por segundo, el doble de lo habitual. Pero con esta tecnología, llamada HFR 3D, lo único que consigue es introducir el doble de aburrimiento por minuto. La estructura de la película se puede dividir en dos partes claramente diferenciadas que se repiten hasta la extenuación a lo largo de tres horas, como si fuera un poema con estructura ABAB de extensión infinita. La parte A es la de reposo en la se producen conversaciones épicas sobre el mundo en el que está ambientada la película, tal que así: “Es Hasselhoff, hijo de Fruslen, heredero al trono del reino de Klingsbo, arrebatado por los seres de Klubbo en la tercera luna de…”, etcétera. En la parte B, Gandalf se aleja con cualquier excusa de Bilbo y los enanos. A continuación, estos se meten en un problema del que no saldría ni el mismísimo Houdini, pero en el momento más crítico aparece el mago y empieza una batalla de la que acaban saliendo airosos. La parte B acepta la variante de que Gandalf esté metido en el meollo y sean los elfos quienes los salvan.

Particularmente exasperante es la escena en la que Bilbo se encuentra con Gollum, interpretado por Andy Serkis, que además de encarnar a esta extraña criatura fue el encargado de dirigir la segunda unidad del rodaje. Es bien sabido por todos los seguidores de la saga de El señor de los anillos, y me atrevería a decir que por cualquier persona que no haya estado metido en una burbuja los últimos diez años, cómo terminó el encuentro entre estos dos personajes. Sin embargo, Peter Jackson estira la secuencia hasta la extenuación sumando metraje a una película ya de por sí larga haciendo que uno se plantee si el director de Agárrame a esos fantasmas no facturará por minuto rodado.

En El hobbit: Un viaje inesperado no hay ni rastro de la perspicacia ni el ingenio del que el director neozenlandés hizo gala en el falso documental La verdadera historia del cine o en El delirante mundo de los Feebles. Nos trae ahora una película con un 3D que no aporta nada nuevo y cuyas secuencias de acción parecen un tráiler de un videojuego. Lo más interesante de esta superproducción son los videoblogs que muestran los entresijos del rodaje y la postproducción, y en los que salta a la vista que la gran cantidad de gente que participó en ella se lo pasó mejor haciéndola de lo que nosotros lo haremos viéndola.