Vivir analógicos en un mundo digital

Lo dijo Alex de la Iglesia en su último discurso como presidente de la Academa de Cine española. Internet es la salvación. Lo decía referido a su sector ¿Podríamos hacer valer tal afirmación para la música?

Partamos de una premisa simple y sencilla. El futuro ya llegó, nos hemos topado con él casi de repente. Un buen día nos levantamos de la cama, encendimos el ordenador y nos descargamos Spotify. Al momento tuvimos más horas de música que horas de vida. Asusta. No tanto, ya teníamos Emule, Edonkey, Soulseek (algunos hasta vivimos el momento de Napster y Audiogalaxy) y demás redes P2P. Ya estaba todo ahí. Toda la música estaba al alcance de un clic. Es curioso lo poco que nos sorprende este hecho, pero yo, aun hoy, sigo atónito con tal maravilla.

Las discográficas también se quedaron atónitas. No por los mismos motivos. Quizás los suyos eran ver como el control que tenían sobre la industria musical de desmoronaba y rompía en mil pedazos. Las ventas de CDs siguen bajando a día de hoy (y de singles, DVDs etc…), la industria discográfica ha sabido mantenerse en el incipiente mercado online (iTunes por ej.) que goza de enorme éxito en USA (no tanto en España, donde la gente se muestra muy reacia a la compra de música en el formato que sea).

¿Vemos algunos datos de lo que ha pasado con el mercado discográfico?

 

El gráfico anterior muestra los millones de euros generados entre los años 2004 y 2008 por la industria discográfica. La cifra si sumáramos los datos perdidos de la piratería, la venta de segunda mano, la venta ambulante… Sería aún mayor.

Aquí vemos la cantidad de CDs vendidos, Cassettes, DVDs etc…

Impresionante el crecimiento exponencial de la música en formato digital.

Los esquemas son claros y sencillos. Vemos como el mercado físico se ha ido desmoronando ¿poco a poco? … Increíblemente rápido. Solo con decir que del año 2004 al 2008, las ventas de compactos se redujeron casi a la mitad. ¡Y hace cuatro años de eso! Hoy los datos aun serían peores para esas grandes empresas, antes tan lucrativas. Como siempre, el palo mas grande se lo llevaron las medianas y pequeñas empresas discográficas que se vieron abocadas a la ruina al no poder introducirse en el mercado digital, que marca la supervivencia de la industria discográfica. Tampoco seamos ingenuos, las grandes discográficas siguen sacando un beneficio contundente. Anecdótico es el caso del vinilo, que vio aumentado su venta de forma multiplicativa. Luego pensaremos el porqué.

Llegados aquí, quiero aclarar algo. Cuando hablo de industria discográfica hablo de la pura compra/venta de música en el formato que sea y demostrada ante el estado. ¿Qué quiero decir con ello? Que la situación de un mercado discográfico no tiene por qué ser relevante a la hora de analizar su riqueza musical.

 Nadie podría poner en duda que en el territorio estatal hay más grupos que nunca; o que se consume más música y en más lugares que nunca. La música no ha cambiado; si lo ha hecho la forma en que la consumimos.

 No creo, ya entrando en algo personal e intransferible, que ese hecho sea algo negativo; tampoco positivo, simplemente es otro algo y que cada quien lo analice como desee. Yo veo cierto romanticismo en seguir comprando un CD o un vinilo (artísticamente un formato a años luz de cualquier otro), por eso lo hago. También por que, hete aquí, a veces iluso, apoyo al grupo del que escucho sus canciones (que nadie malinterprete estas palabras… No considero una obligación comprar la música de un artista para apoyarlo. El apoyo que el público le da un artista puede venir dado de cientos de formas: comprar una entrada, una camiseta, compartir su música, escribir sobre su música… Comprar su música puede ser un apoyo, pero no el único).

¿Por qué la gente ha dejado de comprar discos? Quizás, en este país, todo sea un problema de educación. Cuesta mucho pagar por algo que podemos obtener gratis ¿no? También costaba mucho cuando las discográficas, desde su trono, comenzaron a poner precios auténticamente prohibitivos: ¿Alguien recuerda ver CDs a 20e en 2005? Yo si, y puedo asegurar que no contribuyó demasiado a la música ese hecho.

¿Es gratis la música? ¿Debe serlo? Es un debate difícil… Podríamos caer en algunas premisas típicas como: Si uno paga por un libro, ¿Por qué no paga por un CD?; Si uno paga por ir al cine ¿Por qué no paga por un disco?; Si uno paga por… Es cierto que en la sociedad se ha instaurado cierta negatividad a la hora de comprar un disco. ¿Cuánta gente conoce usted que compre música normalmente? ¿Cando compró usted  un disco? (cuidado, antes de responder plantéense si ustedes son la norma, o son la excepción).

A las preguntas de ahí arriba, uno podría responder: Por el valor añadido que tienen, es decir: Un libro con pastas duras, ilustraciones impresionantes… Al cine voy por que se ve mejor que en mi casa, por que el sonido es único, por que tiene un encanto… Es cierto, que el vender 10 canciones sin más, suena extraño, anticuado. Los grupos lo vieron los últimos años y han empezado a cuidar con más garbo la publicación de sus obras: añaden libros (como hizo Barricada con su penúltimo trabajo “La Tierra está sorda”), añaden DVDs (diversos grupos añaden un DVD de directo complementario, o un making of del disco…), añaden cualquier motivo que agregue un valor extra a su trabajo. Es una buena forma de volver a llamar a la atención del mercado físico.

Comentábamos antes también la subida del vinilo… El formato llama la atención, es vistoso, elegante. Hay una cantidad de personas acérrimas al formato y a su especial sonido. No es extraño que hoy se nos presente como un extra, como ese “plus” a la hora de llevarlo al mercado. Crear música no es gratis. Ojalá lo fuera oiga, ojalá también fuera gratis la gasolina. Pagar por ella no puede ser visto como una imposición del artista o de una empresa hacia su público. Es simplemente algo normal.

No olvidemos las últimas tendencias como el “crowdfunding”, donde el público hace de mecenas a la hora de producir música. El grupo solo ha de pedir una cantidad, un llamamiento y una explicación de esa cantidad y la gente, que confíe en el proyecto, pondrá su pizca de arena. A cambio recibirá (depende de la cantidad puesta) lo acordado y estipulado previamente por el grupo. Es una forma de producir música bastante justa e interesante. Si no se consigue toda la cantidad necesaria para el proyecto, este se cancela y se devuelve el dinero invertido a aquellos que lo apoyaran. Este es sin duda el lado más amargo, no todos los proyectos lo consiguen. Por poner un ejemplo positivo y actual, Aphonnic, banda residente en Vigo si lo han conseguido. E aquí su proyecto: http://www.verkami.com/projects/3412-aphonnic-heroes-nuevo-disco. Verkami, Lanzanos.com… Son sólo un par de páginas dedicadas a esto.

La música sobrevive, como sobrevive todo aquello que va más allá del dinero. Las crisis agudizan el ingenio. Infinitos son ya los portales donde los músicos pueden distribuir gratuitamente o de pago su música “Bandcamp”, “Myspace” (extinguiéndose poco a poco), “Facebook”, “Youtube”…

Los románticos siempre hemos preferido eso de llegar a casa, abrir la caja, leernos el libreto y ponerlo en la cadena, ordenador, reproductor, tocadiscos… En vez de bajarte toda la discografía de un grupo en 30 minutos y con un clic ponerla en el Winamp; pero quizás solo sigamos aferrados al formato analógico en un mundo digital. No lo sé. Todo tiene sus pros y sus contras. Que cada cual escoja lo que prefiera, que puede (aun).

Texto y foto: Charlie Peartree