Mujeres de moral juzgada

Santiago también se prostituye. La prostitución es un tema conocido y que siempre está en boca de todos, pero, ¿somos conscientes realmente de él en la sociedad? Es un sector con el que convivimos diariamente y probablemente en muy pocas ocasiones nos damos cuenta. De lo que creemos conocer o de lo que imaginamos, a lo que sucede, suelen haber grandes diferencias. Primero por imaginar y después por creer conocer. Si leen la palabra prostitución, ¿cómo conseguirían definir en tan solo una palabra, la percepción que tienen de ésta? Al salir a la calle y preguntarle a más de cincuenta compostelanos de todas las edades en un abanico bastante amplio de sitios y horas, pude encontrarme en los papeles que repartí para que apuntasen su definición, las palabras crisis y esclavitud repetidamente. Y es que dicen que la mejor manera de buscar respuestas es haciendo preguntas. Pero también entiendo que no sólo existe la pregunta directa “¿qué tal estás?” sino esa en la que convives con la persona para saber cómo está sin tener que preguntarle. Llegados a este punto, no tuve más salida que la de intentar sumergirme en el mundo de la prostitución hasta donde pude (o me dejaron).

Encontré el contacto de Pandora (así se hace llamar) en una de las múltiples páginas de sexo que podemos encontrar en la red y marqué el teléfono móvil que daba. Después de varios intentos con otros contactos que o bien no me cogían o bien me colgaban al hablarles yo, Pandora fue diferente.
-Hola, me llamo Karla. No cuelgues por favor.
– No practico sexo con mujeres, lo siento.
– No, no, verás…
En diez minutos y cinco euros de saldo (tarjeta de prepago que había comprado para estas llamadas) conseguí un testimonio de Pandora, una chica brasileña. No practica el sexo con mujeres, pero sí con hombres. Para mi sorpresa, su clientela es de jóvenes y la mayoría inexpertos. Mujeres del mundo, al parecer, no le damos suficiente sexo al género masculino. Lleva un año aquí y al principio practicaba la prostitución por comodidad y no tiene reparo en admitirlo. Cuando llegó, reconoce que el meterse en este mundillo no era una necesidad absoluta. Pero con el paso del tiempo, y la crisis -que también afecta a este sector- se convirtió en necesidad. Podía sentir su miedo a través del teléfono. El miedo a que yo la estuviese vacilando, riéndome de ella.
-¿Por qué me haces estas preguntas? No voy a quedar contigo.
– No van a salir imágenes tuyas. De todos modos, las cuelgas en Internet, ¿cuál es la diferencia?
Estas mujeres suben sus fotos a Internet pero saben perfectamente que el 90% de los que accedan a dichas imágenes van buscándolas. El miedo que tienen a salir en algún medio por casualidad -o no- no lo escogen ellas y el sector que recibe la información, ya no es tan cerrado. Así me explicó Pandora. Touché Pandora.
-Mira, no me gustan las entrevistas. Yo necesito este trabajo.
– De acuerdo, Pandora.
Y justo se quedó sin saldo mi número. Ni que lo hubiese calculado.

Bueno, ¿y ahora qué?  Tiré de agenda, le pregunté a mis “colegas” cómo iba el tema de los clubs de alterne y dónde había.
-San Marcos. No te van a dejar entrar.
Y así fue. Me dijeron amablemente que al ser mujer, no podía entrar. Primero Pandora me rechaza y después el señorito de la barra. ¡Qué difícil es ser mujer a veces! Salgo del local en donde había sido rechazada (qué mal llevamos las mujeres esto) y, unos metros más allá de la puerta, conozco a Selenia. Bajita, ojos castaños y con 25 años dominicanos a la espalda. En términos legales, su situación en España es irregular. Podía leer tierra tatuado en su meñique. Su tatuaje le recuerda de dónde vino, un país en donde no tenía que practicar la prostitución. Llegó a España hace tres años y, echando cuentas, me comenta que lleva dos años en esta profesión. Al llegar aquí, y tras el periodo de adaptación, la comodidad le hizo recurrir a este trabajo. Lo que empezó siendo una comodidad terminó por ser un quebradero de cabeza. Selenia rehuye esta profesión, o al menos lo intenta. Pero como en el caso de Pandora, la crisis que asola el panorama le impide, una vez más, dejarlo de manera definitiva.

-Tengo que entrar.
-Un placer, Selenia.

En temas de sexo, ¿dónde está la línea que separa interés de morbo? ¿practican estas mujeres la prostitución por placer o por necesidad? ¿hasta dónde llega el mito de las prostitutas? A menudo nos encontramos con foros sexuales, mujeres que cuelgan su contacto en internet, clubs de alterne en la carretera, anécdotas obscenas y placenteras sobre “un amigo que se fue de putas”. ¿Dónde están los límites del humor sobre este tema y hasta dónde pueden hacer daño verdadero?

Vagalume es un centro para la mujer especializado en personas que son víctimas de explotación sexual. Atención gratuita y confidencial. Me dirijo a la calle Loureiros, número 3, en donde Lourdes, educadora del centro, me atiende amablemente pese a no haber concertado cita previa. Nos separa una mesa y me cuenta la cara más amarga a la que yo, por cuestiones de sexo y medios, no pude acceder. Una cara realmente amarga. Cubren 40km a la redonda y cerca de 22 clubs y pisos. Unas trescientas mujeres acuden a este centro y un 95% son inmigrantes en estado irregular. Me desglosa los porcentajes en 50% brasileñas, 35% dominicanas y el resto rumanas y africanas. Uno de los trabajos que realiza Vagalume es el trabajo de calle que consiste en ir a los lugares en donde estas mujeres trabajan, con el fin de informarles que tienen alternativas. Reparten desde material profiláctico hasta sociosanitario. Lourdes, que ha estado en estos sitios, me desmiente el mito de ese perfil de cuarentones o cincuentones, con su puro, su whisky y su fajo de billetes. El perfil es tremendamente variado. Desde treintañeros guapetones hasta señores de sesenta años. Lo que se desconoce es que muchas de estas mujeres son madres, tienen hijos que han tenido que convivir con la entrada y salida de hombres diariamente. Son hijos que saben que su madre es, o ha sido, prostituta. Es por ello que Vagalume ofrece una ayuda psicofamiliar para estos hijos.

Como Selenia o Pandora hay mil casos. Todos ellos poseen una singular historia. Estas mujeres conviven con nosotros en Santiago. No les hablo de un marco amplio como España sino que les comento una situación que se está viviendo en la ciudad universitaria por excelencia. Muchas son mujeres que han estado bajo amenazas, engaños, rapto…Más allá del debate sobre la legalización o no de su trabajo o de la normalización de éste, ¿están viviendo estas mujeres una exclusión social? ¿Hasta qué punto somos culpables de su situación? O mejor planteado, ¿cuántos prejucios tenemos sobre la prostitución? Les invito a la reflexión.

Quiero dar gracias a Vagalume y a Lourdes, así como a los testimonios de esas mujeres que no dudaron, aún con sus miedos, en hablar conmigo.