Jose Luis Losa: “El cine español sufre un castigo ideológico muy duro”

Jose Luis Losa es el director del festival Cineuropa que se celebra en Santiago de Compostela cada mes de noviembre desde hace ya 26 años. Con una afluencia entre treinta y cinco y cuarenta mil espectadores, muestra cada año las novedades más importantes del cine de autor, al tiempo que aporta voz a aquellas obras que no la tienen. Nos recibe en una de las salas del Teatro Principal, lugar donde probablemente un director de cine disfrute más de su trabajo.

 

©Lucía Velasco

 

Remontándonos a los inicios, ¿cómo nace Cineuropa?

Pues Cineuropa nace en 1987 y no lo hace como tal, sino como un proyecto cultural polifacético que se llamaba “Os encontros europeos no Camiño de Santiago”. Fue una idea del alcalde del momento, Xerardo Estévez y que tenía como fin potenciar el Camino relacionándolo con la cultura. Por aquel entonces había un festival de cine que fue como un “ensayo en probeta” bastante pequeño donde había conciertos, pintura… Y eso de alguna manera se desgajó. Porque Cineuropa, ya en la segunda edición, percibimos que tenía una acogida del público muy importante y se independizó como una “mostra”. Ahora vas viendo las ediciones de cada año y la verdad es que eran modestas, pero con el tiempo aprendes y año a año fuimos creciendo en ambición de películas. Por ejemplo este año estrenamos de manera absoluta en España, el film de Marco Bellochio o del japonés Sion Sono. El viernes (16 de noviembre) hubo el pase, después de su proyección en Roma, de la película colectiva de Víctor Erice, Kaurismäki y de Manuel de Oliveira que se llama Centro Histórico y que fue uno de los platos fuertes del Festival de Roma, realizado por Marco Müller, un tipo un tanto megalómano. Que a los dos días de estar esa película allí la podamos proyectar aquí, con Pedro Costa entre sus autores, que para mí es uno de los más importantes del mundo en este momento, pues es un indicio de donde partimos, es decir, de esa modestia y de a donde hemos llegado. Yo creo que buena parte de este éxito se la debemos a una complicidad con ese público que nos ha acompañado en estos 26 años, porque si no hubiese sido inviable.

Cómo un festival tan relativamente pequeño como este, que no tiene una gran trascendencia a nivel internacional puede llegar a proyectar películas de la talla del festival de Sitges, de la Mostra de Venecia…

Yo creo que el tiempo ayuda, estableces lazos, relaciones con autores, con gente de la industria del cine… y es verdad que es un festival poco difundido, que creo que debería de tener mucho más conocimiento externo porque la programación es equiparable a la de estos festivales que tú dices, que cuentan con un presupuesto diez veces mayor. Una de las cosas que tiene el contar con un presupuesto tan escaso es que no puedes destinar un solo euro de más para difundir en publicidad, lo que no nos permite inyectar anuncios en revistas especializadas u otro tipo de medios de este estilo. Siempre hemos estado en esa situación… no voy a decir límite, pero no puedes invitar a gente, no puedes tener un jurado internacional… que yo tengo mis dudas sobre el interés de los jurados más allá del Festival de Cannes, pero bueno, eso nos impide tener ese prestigio fuera, pero ¿qué mayor prestigio para Cineuropa que hablar con Pedro Costa, Erice y Kaurismäki y que ellos apoyen que su película esté aquí, a pesar de que la productora no esté dispuesta a dejar que se proyecte en este festival? Pues eso digamos que es una cosa que nos congratula muchísimo.

¿Ya desde los inicios del festival se pensaba en contar con esta afluencia de gente?

Cuando empiezas no sabes cómo va a ser porque para empezar, era cine en versión original y eso a mucha gente hace 25 años no le gustaba demasiado. Quizá ahora con las series, que la gente las descarga de internet, gente mayoritariamente joven además, pues tienen un rechazo menor hacia la VO, pero nunca tienes la seguridad de que vaya a haber un respaldo mayoritario. Pero después año a año ya ves que hay un público que está fidelizado, sobre todo el público universitario, esa franja que se renueva cada año. También sé que hay público de ciertas edades, y es de agradecer, que está comprometido y por lo tanto con el que puedes contar. Un año puede haber una cifra de asistencia un poco más arriba, un poco más abajo, por lo que sea, por la crisis, por la programación de las películas… pero sabemos que tenemos y podemos contar con ellos. Estaríamos muy sorprendidos de que un año hubiese un “pinchazo”, porque son veintiseis años de complicidad. La palabra educar no me gusta, porque me parece muy paternalista, pero sí que es cierto que Cineuropa tiene la función de poner en el escaparate a todo ese cine del que se habla, y del que se dicen adjetivos mayestáticos pero que, paradójicamente no llega a las salas comerciales y parece que se convierte en un cine virtual, que no existe, que está ahí para que lo vean cuatro “enviados especiales”. Por lo tanto ya hace años que la gente es consciente de que en Cineuropa ese cine existe, viene aquí y que en ese sentido somos una ciudad y, Galicia en general, que contamos con esa fortuna y esa oportunidad de ver, todo o casi todo, lo mejor que se ha visto en todos los festivales del mundo. Luego ya vemos lo que sucede, que no llega a las salas, porque aparece James Bond y ocupa tres, llega Lo imposible y ocupa cuatro… (risas). Da igual que haya un multicentro, que las pantallas sean inmensas, si después lo que ofrecen es siempre lo mismo.

Entiendo que en Cineuropa se huye bastante de lo “comercial”.

Nosotros buscamos la calidad cinematográfica, la cual muchas veces está reñida con lo comercial. Ésa es la desgracia, no de una manera absoluta, no todo el cine comercial es malo, no todas las películas que compiten a los Oscar son malas, pero la mayoría sí, es un hecho. ¿Qué películas están en el “top” de taquilla? Está Lo imposible, está Torrente (risas), está James Bond , que es estimable esa película, pero lo que quiero decir es que a mí me ofrecen Lo imposible y me lo pensaría. El año pasado teníamos The Artist en el programa, estaba prácticamente contratada Intocable, que después tuvo un gran éxito, pero rechacé tenerla en el programa porque me parecía que era cargar demasiado las tintas sobre un tipo de cine que no es sobre el que más nos gusta poner el foco. Nos gusta mucho más impulsar el cine en el que creemos, el de unos autores a los que seguimos. Es bonito tener a Manoel de Oliveira en esta edición con dos películas, espléndidas además, entre las que está O Gebo e a Sombra. Por cosas como esta defendemos esta manera de entender el cine, que lo busca es la autenticidad, la libertad… Ya sabemos que el mercado tiende a ese denominador común, a que sea muy asequible y eso inevitablemente lleva a lo conservador. No quiero ser apocalíptico, no quiero decir que son todas malas, pero realmente no hay ahora mismo ninguna película en cine comercial que yo hubiese querido tener en Cineuropa.

Si tuvieses que destacar alguna película de esta edición a nivel personal, ¿cúal sería?

Hay una película que me llama mucho la atención. Es una del año 1980, pero que realmente es nueva, se llama Heaven’s Gate, de Michael Cimino, y que es como el “film maldito” por esencia del cine norteamericano ya que hubo un exceso de rodajes y de presupuesto, la película provocó el hundimiento de unos estudios, la United Artist, y la estrenaron después de que los productores le hubiesen cortado 80 minutos de metraje, estrenándola con 140, cuando en realidad tiene una duración de 220. Considero, al igual que muchas personas, que es una de las obras maestras del cine de Estados Unidos y en realidad no se vio la película en sí. Su versión completa se proyectó en Venecia este año y ahora la pasamos aquí. Probablemente no vaya a provocar grandes llenos, pero a mí me parece que es un acontecimiento cinéfilo de primer orden. En cuanto a películas favoritas mías, pues no difiero especialmente de lo que a la gente le ha gustado este año en los diversos festivales. Me gusta muchísimo Holy Motors de Leo Caras, Tabú de Miguel Gomes, también me parecen muy provocadoras las dos películas de Ulrich Seidl: Paradise: Love y Paradise: Faith, que realmente pone mucho en dedo en la llaga en esta Europa, esta Mitteleuropa de Angela Merkel, pero naturalmente defiendo todo lo que está programado.

¿Cómo os recibe la ciudad? Recientemente en Compostimes hablamos con Ghaleb Jaber Martínez, director del festival Amal que nos comentó que no estaba muy contento con el apoyo del ayuntamiento. ¿Cómo se portan con Cineuropa?

Nunca tendré palabras de agradecimiento porque son ya 26 años de fidelidad. Ahora con internet y la globalización la gente ya sabe más o menos algo sobre la película que va a ver, pero yo me acuerdo que en las primeras ediciones la gente realmente entraba sin saber lo que le esperaba en la sala, que aunque ahora seguimos manteniendo la sorpresa de la película a ciegas, que tiene mucha tradición, la sala se llena, lo cual es otro gesto de complicidad, porque yo por la ciudad entiendo el público, nosotros después también tenemos más el respaldo del ayuntamiento.

Sí, a eso me refiero

A nivel institucional existe también una fidelidad, contamos con el apoyo del Ayuntamiento de Santiago a través del consorcio de la ciudad y que ha estado siempre ahí, y en estos momentos duros hubo que hacer un presupuesto “ de guerra” para ayudar a sostenerse pero contamos siempre con este apoyo porque es un festival de financiación pública. El Festival de San Sebastián, el de Sitges, el de Sevilla, todos son públicos porque si hubiese una privatización el coste que podría tener una entrada para dos pases de una película de Bertolluci, que ha sido costoso contar con ella, pues serían unos precios inasequibles, sería casi como ir a la ópera. Gracias a que hay una sensibilidad, que se ha mantenido a lo largo del tiempo con indiferencia de los diferentes colores políticos que han pasado por el Ayuntamiento, siempre ha existido esa colaboración con Cineuropa. Esta colaboración y sensibilidad también pasan porque haya un eco, es decir, las cifras están ahí y son buenas aunque soy enemigo de cifrar el éxito como algo obsesivo… pero tiene que existir una manera de retroalimentación. Un festival que no tiene público es un festival que está un poco muerto.

¿Se han notado los recortes en el presupuesto?

Sí claro, este año hemos tenido un 40% de recorte, ¿cómo no va a notarse?, lo que pasa es que la obsesión que teníamos era que no se notase nada en cuanto a contenidos, lo que es un poco complicado porque ¿cómo lo haces?, no podía reducir días en la programación, un festival de cine ortodoxo tiene ocho o diez salas, y en una semana o diez días se pueden programar muchas cosas, pero no tiene sentido. Tampoco tiene sentido para Santiago porque aquí no viene industria, viene público, el cual tiene su jornada laboral y les viene mucho mejor esta duración de tres semanas. Sería una vía de ahorro haber acortado los días pero mi idea es que Cineuropa perdería su sentido si no tuviese esta duración y no podría ser un “travelling” completo por la programación sino que sería otra cosa ya más modesta. ¿Qué reducimos? Pues lo poco ya que había, porque no somos un festival que se guía por el glamour o por las fiestas. El día de la inauguración no hubo ni gala, ni vino español, ni gallego (risas). Después también hubo bajada en lo que son los salarios de todo el equipo, este año entendíamos que era una situación excepcional y lo que no queríamos es que en un invierno triste, en el que todo el mundo está desanimado, desmotivado, tener una programación que fuese un reflejo de esa mala situación, no no no… queríamos que la gente se encontrase con un Cineuropa que fuese como el de los mejores tiempos en términos de macroeconomía. De hecho, al final creo que hemos tenido más nombres importantes que nunca, más estrenos en primicia que en ningún otro año, y después privilegios como el de Pedro Costa. También en la clausura vendrá Paolo Branco, que es un poco el “pater familias” del cine de autor europeo, que empezó ya desde muy joven y era un poco como el chico terrible, porque producía a Godard y a los cineastas más alternativos. De alguna manera el cine que él promovía es el que alimenta Cineuropa , y me parece muy bonito que el último día esté aquí presentando su película The lines of Wellington, que estuvo en Venecia y que va a ser el film de clausura de esta edición.

Los ciclos gratuitos que hay en esta edición sobre músicos como Jimi Hendrix o Bob Dylan, ¿se hacen para intentar abrir la puerta a aquellas personas que no están todavía convencidas de venir a Cineuropa?

No, yo creo que año a año hemos ido ampliando esa percepción de que había un público que miraba a Cineuropa como con “uf, cine en versión original…”, cine con un poco de “actores de culto” o un cine para “gafapastas”, pero cada vez más esa barrera se va rompiendo porque quieras que no, siempre hay gente que se acerca a ver una película, a ver qué pasa, y siempre termina suscitando emociones, por lo que cada año veo que hay menos esa división. Lo de los ciclos no es un intento de abrirse, porque ese intento ya está presente en toda la programación, es decir, en la sección oficial hay películas más crípticas, más minoritarias… que sé que no me van a reportar un lleno en la sala pero que tienen que estar. Pero por otra parte también las hay más asequibles, que van a traer más público y que a mí me gustan menos, pero tiene que existir un cierto equilibrio. Si no te estás enrocando sobre ti mismo, no solo es al gusto del equipo.

Buscáis un tipo de público menos homogéneo entonces…

Sí, sí, te ponía el ejemplo de The Artist, que es una película que gusta a todo el mundo, y ¿por qué no va a estar aquí aunque después se estrene en cines? No es una película que necesite de Cineuropa pero también hay que dar algún caramelo de este tipo, si te pones muy serio y todo lo que das es muy militante, también estás cerrando puertas. Volviendo a los ciclos que me preguntabas antes, desde hace diez años siempre ha habido un ciclo de cine relacionado con música, en general con el pop, el rock y sus diferentes líneas en relación con el cine. Había años que teníamos un presupuesto más elevado y llegamos a tener un convenio con el In-Edit, un festival de Barcelona donde también hay este tipo de cine y éramos como una extensión de ese festival. Todo lo que siga esta línea me parece muy interesante, y además este año los ciclos han ido en relación con músicos que han sido censurados, desde Bob Dylan hasta The Beatles… que bueno, ¿qué autor de rock and roll no ha sido censurado, no? También tenemos una retrospectiva dedicada a Alexander Kluge en el CGAC, que eso, evidentemente es para minorías, pues Kluge es como el Godard alemán, un señor que lleva rodando 50 años, a mitad de camino entre el documental y el cine de ficción, pero siempre con una retrospectiva política, de indagar en las imágenes, en la realidad.A mí me parece que ofrecer la obra de este señor es una oportunidad para poca gente, sin duda, pero es un poco eso que te decía de no ser esclavo de tener que programar siempre lo que llena, sino buscar ese equilibrio y aprovechar esas películas de tirón para que puedan arrastrar al público a otras películas mas minoritarias, u otros autores en los que pueden llegar a profundizar y hacerse fans.

El pasado día 14, os visteis obligados a cerrar y suspender la programación a causa de la huelga general, ¿cómo se afronta eso?, ¿ lo esperábais?

Con normalidad, es algo que yo creo que entra dentro de lo normal, era un día de huelga. Cineuropa es un servicio público que depende del Ayuntamiento de Santiago y como tal no toma decisiones de abrir o de cerrar sino que simplemente se suspendió la programación. Yo recuerdo que este año, el festival de San Sebastián coincidió una huelga en Euskadi, en la misma fecha y se acordaron unos servicios mínimos, a mí me hubiese gustado hacer lo mismo, más que nada pensando en el público. Ese día era el último pase de dos películas muy importantes de este año, entre las que estaba Holy Motors. Yo hice todo lo posible por proyectarla respetando el tema de la huelga, intentando no tomar actitudes de confrontación, pensando en que esas proyecciones eran irrecuperables, pero al final no pudo ser.

¿Cómo ves el cine español?

En España soy tremendamente pesimista, mi impresión es que la idea que hay del Estado, a nivel central, en cuanto al cine es la de primar un tipo de película, de la cual puede ser representativa Lo imposible, de Bayona, es decir, esas películas que llenan la sala y que dices: “bueno, es que al público hay que darle lo que le gusta” y por lo tanto hay que respaldar esa tipología. Todos sabemos que esto está lleno de trampas, Lo Imposible es una película que está producida por Mediaset, la cual pertenece a Berlusconi y que ha tenido cuatro meses de publicidad gratuita en Telecinco, con un bombardeo publicitario. Es igual que cuando se dice que el cine norteamericano gusta más porque la gente va a verlo. No, en Estados Unidos no dejan que se estrene el cine español, o el alemán doblado, imponen que se estrene en versión original. A mí me gustaría ver qué pasaría si aquí el cine norteamericano fuese en VO. El cine español sufre un castigo  ideológico muy duro, está atado de pies y manos, quizá relacionado con posturas que se tomaron en el pasado por la gente de la cultura, y la gente del gremio. Lo que se prima es el tipo de cine que no se parezca al americano y que no aporta nada a nuestra riqueza cultural, de gran presupuesto, y se opta por abandonar las ayudas al talento, a las pequeñas producciones donde a veces se generan los grandes talentos. Soy pesimista, porque veo que este año prácticamente no se ha rodado, los rodajes han sido contadísimos. En la sección oficial tenemos dos películas que a mi me parecen fabulosas, El muerto y ser feliz de Javier Rebollo, que me parece de una radicalidad libertaria sensacional y A puerta fría, que es una película que habla de la crisis. Posiblemente tengan una dificultad tremenda para estrenarse, aunque sea en una o dos salas de Barcelona o Madrid. No es un problema de falta de talento, es un problema de una industria que está cerrada a eso y de una política audiovisual que nunca, nunca ha funcionado bien, al contrario de lo que pasa con el modelo francés, que es sensacional. Aquí nunca ha pasado eso y yo creo que vamos a peor, me echo a temblar de cómo puede estar el cine español de aquí a unos años. Pese a todo, como hay tanto talento, siempre se tienen esperanzas de que en este campo minado haya alguien que sea capaz de sortear todas las minas y de hallar un buen horizonte.

¿Cineuropa tiene algún festival de referencia, algún ejemplo a seguir?

Nosotros vamos a ver películas a festivales, los que nos interesan… Locarno, Rotterdam, Berlín, Cannes, porque es donde está casi todo el cine de autor importante, después por cercanía, San Sebastián. También está el festival de Buenos Aires de cine independiente, del cual estamos atentos para traer cine latinoamericano…

Se aprecia muy poco ese tipo de cine aquí…

Sí, muy poco, además curiosamente tiene bastante… no digo rechazo, pero sí muy poca empatía del público. No cejo en programarlo, pero es un tipo de cine que tiene difícil encaje, no sé por qué. No hay un festival de referencia, por supuesto en esos que te decía sí ponemos especial atención, pero no la tenemos por ejemplo en el Festival de Málaga, donde lo que prima es la alfombra roja y no nos interesa nada de esto, no nos importa la “red carpet”, nos importan los contenidos. No te puedo decir un solo festival, pero dentro del país , me interesan más propuestas como la que había en Gijón hasta el año pasado, que San Sebastián por ejemplo, a pesar de tener menor presupuesto. En todos encontramos esos puntos que nos interesan para componer al final ese puzzle, que sea personal, pero que tenga un poco de cada sitio.