¿Y no vas a votar con la que está cayendo?

Bueno, ¿y ahora que? Se acaba la campaña electoral y esto fue básicamente, lo de siempre. Porqué tú hiciste esto y yo no hice lo otro, que si tu eres un tal y yo un cual… como decía el gran Tony Cliffton: bobadas, bobadas, ¡Mi texto!… Las cosas como son, estamos todos un poco quemados ya. Indiferentes y desconfiados, el único sentimiento verdadero que podemos transmitir a la clase política, hoy por hoy, es desencanto. Y que yo sepa, eso no viene en ninguna papeleta.

Cuando surgió este artículo, lógico antes de unas elecciones, lo primero que pensé fue: Bueno, la cosa está clara. Hay que incitar al voto, pero que también merece ser dicho que hay dos partidos que No se pueden votar, culpables a todas luces, y por partes iguales, de la situación que vivimos. Unos por impulsarla y negarla, los otros por permitirla y maquillarla cuando ya no la podían ocultar más. Votarlos a  ellos sería absolutamente retrogrado. A partir de ahí, que cada uno decida libremente. Pensé que estaría bien hacerlo en una línea dura, en plan…En el campeonato del España de políticos sociópatas incompetentes, Verdes y Coloraos, que diría Cantinflas, llevan varios años de dura competencia por alcanzar las más altas cotas de miseria personal… pero la verdad, tampoco es plan ponerse a escribir panfletos o a incitar al odio.

Según pasaron los días, el tema fue saliendo en distintas conversaciones. Una noche, un amigo me comentaba, – Hay que ir a votar coño! al final somos los mismos los que nos quedamos en casa cuando la derecha sale con toda la familia a votar junta y no falla nadie. Entonces se me ocurrió la idea de escribir algo en plan narrativo con un tono irónico. Retratando a esa familia de derechas el domingo por la mañana, recién salida de una película de serie B. Con esos maridos medios calvos y esas orondas esposas, ataviados con sus mejores galas, recorriendo en manada familiar las calles, con la mirada llena de una ferocidad beatífica que corta el aire a su paso, prestos y raudos a celebrar su fiesta de la democracia. Mientras los rojeras, los esquerdallos, que se abandonan y languidecen en sus casas, tristes cautivos de las tinieblas de su entorno y su futuro. Mentalmente derrotados antes de comenzar la partida… Pero sinceramente, poeta ya hay uno en Compostimes, y no soy yo. Él es bueno.

Fue entonces cuando, viendo que los días no perdonan, pensé en asegurar un poco la cosa. Si veo que no tengo la idea clara siempre puedo tirar por un dialogo clásico, esa clase de cosas que uno aprende desconectando el cerebro en una sesión plenaria. Esa forma de decir las cosas que queda tan bien para los documentos oficiales. Algo del estilo de… Muchos ciudadanos expresan su insatisfacción por el funcionamiento de la democracia y del régimen político. El voto ha dejado de ser una herramienta de representación, ya que la sociedad ha visto que carece de transcendencia efectiva y el proceso electoral, esa herramienta fundamental para el sistema democrático, se percibe como una lucha de poder entre políticos, gobernantes y partidos que dejan a un lado las necesidades de la ciudadanía. La democracia auténtica debe ser un proceso que involucre a todos los ámbitos de la sociedad (partidos, sindicatos, universidades, asociaciones, familia, etc), que no se reduzca a la elección de los gobernantes, que implique la formación de una auténtica ciudadanía y que permita el acceso público a formas profundas de autogobierno. Bufff, ¿Qué había dicho de los panfletos?

Hasta que hoy, leyendo una de las entrevistas que realizamos estos días, tuve otro de esos momentos en que crees que ya lo tienes. Recordé un momento durante una de las entrevistas a un candidato, durante la conversación salió el clásico argumento de, si no votas no tienes derecho a quejarte. En principio es simple, si dejas que otros decidan por ti, no estas legitimado para quejarte sobre lo que decidan. Personalmente siempre me ha parecido un argumento muy romántico, el problema viene cuando confrontas esa teoría con la realidad y empiezas a preguntarte, ¿cuanta gente hay quejándose que sí votó? ¿Les sirve de algo? ¿Entonces para que sirve quejarse? ¿Para que sirve votar? Al final te das cuenta de que si tienes claro que los tuyos no van a salir y te esperan cuatro años de mala suerte, lo más cómodo es quedarse en casa y no desperdiciar tu tiempo en cosas inútiles. Prefieres ver un partido de segunda B antes que encontrarte en la puerta del colegio a esos policías que te miran como si fueras a pedirles el certificado de la EGB. Realmente, hasta yo me estoy convenciendo de no ir.Aunque la verdad no es tampoco así, la verdad es que el sistema electoral en España es de suma cero, lo que le das a uno se lo quitas a los demás. Siempre será más fácil tener mayoría entre cien votantes que entre mil. El hecho de votar no es solo que digas quien quieres que gobierne, también se lo pones más difícil a los que no quieres que gobiernen. Además, la abstención puede indicar tanto que no se ha ido a votar porque se está absolutamente cabreado como porque se está en el campo haciendo una paella o en casa pintando un dormitorio. El abanico de posibilidades que caben en el hecho de no ir a votar –se puede pasar de las urnas por infinitos motivos– hace que la abstención no refleje claramente una intencionalidad. Simplemente, no se tiene en cuenta, no pasa de ser un dato anecdótico más.

En definitiva, por muchos ejemplos y maneras que haya de decirlo, estilos, tonos, diálogos, retoricas, dialécticas y parrafadas varias, a favor y en contra, lo que es si es empírico e irrefutable, es que si no estás descubriendo la fusión fría para darla gratis al mundo o algo por el estilo, este domingo por la mañana es difícil que tengas mejores cosas que hacer por tu futuro y el de los tuyos, que ir a votar. Independientemente de tu actitud el resto del año, creas o no que la democracia funciona, este domingo hay una oportunidad para empezar a cambiar las cosas y con la que está cayendo no deberías dejarla pasar.

P.D.: Y si estás currando, enhorabuena, y te tienen que dejar ir.