En la inmensidad de la tierra el mundo es un barco

Título: Novecento

Autor: Alessandro Baricco

Editorial: Anagrama

Año: 1994

Páginas: 81

Frase: “No estás jodido verdaderamente mientras tengas una buena historia a cuestas y alguien a quien contársela”

 

Qué difícil es encontrar una buena historia. Uno de esos relatos en los que todo, por inverosímil que sea, parece natural y hasta necesario. Donde todo parece encajar de manera sencilla. Y si esto ya es difícil, ya no digamos contarla. Pero, como en todo en esta vida, hay gente con un don. Y Alessandro Baricco es uno de ellos. El autor italiano que se convirtió en un fenómeno mundial con la publicación de Seda (1996), nos regala en su anterior obra Novecento. La leyenda del pianista en el oceáno una historia medida, sopesada, aquilatada.

A través de este monólogo teatral, forma en la que fue concebido inicialmente, conocemos la historia de Danny Boodmann T.D. Lemon Novecento. Un hombre, en resumen (si es que se puede resumir de alguna forma), hijo de un barco. Asistimos como espectadores de primera fila a la vida y milagros del que todos catalogan como el mejor pianista del mundo. Eso sí, de su mundo. Un mundo controlado, de babor y estribor, de proa y popa. Un mundo sobre el mar, en el que nacer y morir. Un mundo que no requiere de más mundo, y que considera todo lo demás demasiado grande como para ser pensado. Nacido en un barco, criado por un marinero y entendido tan solo por un piano, Novecento se convierte en una leyenda de los mares cuyos ecos llegan a tierra y animan a cientos de pasajeros a subirse en el Virginian a recorrer la distancia entre Europa y América al son de notas indescriptibles.

Para los cinéfilos, decir que Giuseppe Tornatore llevó al cine este monólogo en 1998, siendo el protagonista el actor Tim Roth. Aunque no sean indicadores del todo fiables, destacar que la película está puntuada con un 7’4 en Filmaffinity y un 7’9 en IMDb.

Apenas 80 páginas. Un libro corto y una historia enorme. Ideal para una tarde de lluvia y luz de lámpara. Por favor, suban a bordo. Y dejen propina al pianista.

Fotografía: Carlos Pereiro