Decir adiós (dos poemas)

Dado que Compostimes no tuvo la ocasión inmediata de documentar ni la jubilación política de Esperanza Aguirre ni la muerte de Santiago Carrillo, queremos rendirles nuestro particular homenaje lírico, descolgándonos con un adiós de nuestro cuño habitual. Que lo disfruten. 

A la usanza de Esperanza

La Thatcher afincada en el Jarama
marcha, en fin, alegando sus razones;
hay quien dice, extrayendo conclusiones,
que quien manda ordenó hacerle la cama:

¡pero ella fue quien destapó la trama
Gürtel! En las próximas elecciones
nadie le tocará los Gallardones
ni volverá a ser la segunda dama.

Perdida la Esperanza, la derecha
se queda triste, huérfana, deshecha,
y la verdad desagradable asoma:

las críticas que afloran desde dentro
acusan a Mariano de ir al centro
y lloran por Aguirre y por su axioma.

Presidenta del centrípeto ombligo
entre Kansas City y Navalcarnero,
¿quién pondrá el tono vil y pandillero
al debate si no cuentan contigo?

Resuena el eco firme de tu hostigo.
Quisiste aspirar a Carlos III,
pero Madrid no es chotis pasajero
que bailar sin piedad y con castigo.

¿A quién espiar, grande de condesas,
para ver que lo dicho en tus campañas
es realidad y no sólo promesas?

¡Si hasta te extrañarán los sindicatos,
a ti, que divides a las Españas,
que alardeas de impuestos y de Ratos!

Y ese porte de ex-presi del Senado,
y ese oficio de mezclarse con la plebe,
y ese look de pijita de Loewe
y ese aznarismo amelocotonado.

Y fue tan ambiciosa que a su lado
Napoleón fue una tos gris y breve.
Su codicia, tan popular y aleve,
nos definen hoy lo que es su legado.

Sus conocidas salidas de tono
(mamandurrias, helicópteros…cierro)
son historia desde que dijo: “Abandono”

Aguirre, si este súbito destierro
se debe a… cúrate (y no desentono)
con tu salud de dama de hierro.

Ciao, Carrillo

¿Cómo no rimar tu vida
con tu eterno cigarrillo?
Alma enérgica y garrida,
ciao, Carrillo.

Desdeñando al opulento
con la hoz, con el martillo.
Éste es ya tu gran momento,
ciao, Carrillo.

Testigo de la matanza
de la bala, y del gatillo,
¿por qué existe la venganza?
Ciao, Carrillo.

Sacrosanta Pasionaria
que te metió en el mundillo
de la lucha proletaria,
ciao, Carrillo.

Combatió desde París
al incipiente Caudillo
que tiranizó el país,
ciao, Carrillo.

Con fatiga, con resuellos
a la izquierda dio su brillo;
¿y qué fue de Paracuellos?
Ciao, Carrillo.

Y su eterna bendición,
al de abajo, tan sencillo,
frente al cínico patrón,
ciao, Carrillo.

Hacen pan de tu doctrina
los idiotas de bolsillo
y hacen del miedo rutina,
ciao, Carrillo.

Enllegándose el adiós
echa la vida su visillo,
lucen luto los burós,
ciao Carrillo.